A la inteligencia artificial le falta sentido común

Roberto García Esteban    4 marzo, 2020
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Escuchamos con frecuencia noticias que nos cuentan los alucinantes avances de la inteligencia artificial y nos hablan de un futuro poco menos que gobernado por máquinas. En él los robots desempeñarán gran parte de los trabajos que ahora hacemos los humanos. Al hablar de estos temas, ante la visión de unos “rivales” capaces de ejecutar nuestras tareas de forma mucho más eficiente y sin cansarse ni protestar, la mayoría de la gente termina la conversación con la misma expresión: “¡Qué miedo!”. Se entiende…

A veces subestimamos a las máquinas

Según un informe de McKinsey, de aquí a 2030 entre 400 y 800 millones de personas en todo el mundo verán cómo la automatización impacta en sus empleos y tendrán que buscar otra ocupación. Ocurrirá sobre todo en los países con economías más desarrolladas como Estados Unidos, Japón o Alemania, donde los salarios son más altos y, por tanto, los ahorros derivados de sustituir a un humano por un robot, mayores.

En esta web se muestran las posibilidades que tienen las distintas ocupaciones de ser realizadas por un robot (spoiler: psicólogos y dentistas no tienen de qué preocuparse, pero a los taxistas y, sobre todo, a los teleoperadores les espera un futuro mucho menos esperanzador…).

En este momento es una realidad que las capacidades de las máquinas superan a las de los humanos de una forma impensable hace solo unos años. Por ejemplo, en marzo de 2016 Lee Sedol, el mejor jugador del mundo de Go se enfrentaba en una serie de cinco partidas a AlphaGo, un programa de ordenador diseñado por Google DeepMind. Había un favorito claro: el señor Sedol, porque el Go es un milenario juego de origen chino, parecido al ajedrez, pero mucho más complicado (un arte, según el propio Lee Sedol). El resultado final: 4-1 a favor deAlphaGo. “Reconozco que lo he subestimado”, declaró el jugador profesional tras la serie de partidas.

Flippy, el robot “despedido”

Todo esto, efectivamente da un poco de miedo. Pero ¡tranquilos!: las máquinas también se equivocan. Ahí tenemos a Flippy, el robot cocinero que fue “contratado” por la hamburguesería CaliBurger el 10 de marzo de 2018 para preparar hamburguesas de forma autónoma. Una semana después fue “despedido” por lento. Tras el anuncio de su contratación, el restaurante se llenó de clientes deseosos de probar las hamburguesas de este particular chef y verlo en acción. Ante la avalancha de gente todo se volvió un caos.

Como camareros los robots también tienen sus carencias, como explicaba en este mismo blog un compañero.

La automatización puede ser un infierno

Elon Musk, el CEO de Tesla, en abril de 2018 declaró que la producción del Tesla Model 3 había sido “un infierno” debido a la excesiva automatización de la cadena de montaje. Debían empaquetarse cuatro módulos en una caja de aluminio, en un delicado proceso, para conformar el paquete de baterías del automóvil, pero parece que un pequeño error de diseño volvía locos a los robots… Musk retiró entonces muchas de las costosas máquinas de la fábrica para regresar a los confiables humanos y se acabaron los retrasos. El magnate reconocía su error poco después: “Sí, la automatización excesiva de Tesla fue un error, mi error. Los humanos están infravalorados”.

El resumen es que hay que “desmitificar”. Según Emmanuel Mogenet, jefe de Google Research Europe, la inteligencia artificial puede hacer hoy por hoy lo mismo que el cerebro de una serpiente. Y es que una máquina puede superar a un humano en una tarea muy concreta mediante los algoritmos adecuados, pero una persona puede hacer muy bien muchas tareas distintas y, además, tiene el superpoder de contar con la capacidad de enfrentarse a un problema inesperado y resolverlo.

Precisamente esta capacidad de resolver imprevistos de las personas está muy por delante de lo que puede hacer cualquier máquina hoy por hoy porque a la inteligencia artificial aún le falta sentido común.

La inteligencia artificial como complemento, no como competidor

La inteligencia artificial, por tanto, no será un competidor de la inteligencia humana, sino un complemento que potenciará nuestras habilidades. Dicen los expertos que la mayoría de los puestos de trabajo verán aparecer binomios personas-máquinas que tendrán más valor que cada uno de ellos por separado.

Los trabajadores de la hamburguesería CaliBurger, después del fracaso inicial, recibieron formación para coordinarse mejor con su nuevo compañero Flippy y, en equipo, atender los pedidos más rápido.

Entender cómo funcionan los algoritmos y saber trabajar con ellos

Los médicos también delegan cada vez más en algoritmos de inteligencia artificial tareas como la detección de tumores que, hasta ahora, se hacían revisando docenas de imágenes prácticamente iguales entre sí, para centrarse en dar a cada paciente el mejor tratamiento posible. No se trata de que los algoritmos sustituyan a los doctores, sino de que estos sepan utilizarlos o aquéllos que no lo hagan perderán capacidades en su día a día.

El cine, con sus películas de ciencia ficción, ha conseguido que asociemos la palabra robot a una especie de Terminator o, en el mejor de los casos, a algo más simpático como C3PO, pero ese escenario está lejos de la realidad. Eso sí, cada vez hay más algoritmos que van a condicionar (no eliminar) nuestros puestos de trabajo. O hasta seleccionarnos para ellos. Por eso debemos entender cómo funcionan para estar preparados y saber trabajar con ellos -no en contra- y aportar ese sentido común del que carecen y carecerán durante muchos años las máquinas.

Imagen: Michael Sobota

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