Ideas rocambolescas en tiempos de coronavirus

Mercedes Núñez    20 agosto, 2020
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El mes pasado escribía del teletrabajo como experiencia masiva (y en ocasiones traumática) desde un punto de vista divertido y es que, como explica Luis Rojas Marcos, el humor nos ayuda a entender la vida, nos da otra perspectiva para tratar las incongruencias o las cosas trágicas. Estoy de acuerdo y me parece que no debe faltar ni en las peores circunstancias. Es, además, el sentido del humor lo que nos diferencia como humanos frente a las máquinas, como escribe Marta García Aller en “Lo imprevisible”, una lectura muy recomendable. Para esbozar una sonrisa no os perdáis esta recopilación de ideas rocambolescas en tiempos de coronavirus.

La pandemia nos ha traído grandes ejemplos de solidaridad, historias de superación, creatividad e innovación a raudales… pero también, la verdad, mucha “idea de bombero”. O no tanto (ya es que no se sabe).

Como la nueva normalidad es bien extraña, entre la cita previa para ir a la ferretería o lo de “bailar sentados”, puede que no hayáis reparado en cuántas ideas rocambolescas en tiempos de coronavirus han ido apareciendo. A continuación repaso algunas que me han llamado la atención.

“Bares, ¡qué lugares!” en la nueva normalidad

En Reino Unido, para evitar que los clientes se acerquen demasiado a la barra, el dueño de un pub la ha rodeado con un cable electrificado. Vale que está desconectado pero eso no se dice. Además, “¿y si…?”. La idea resulta, sin duda, disuasoria. Con ella se asegura de que se mantiene una distancia prudencial. Según las autoridades, es legal siempre y cuando haya carteles con las advertencias pertinentes.

Los hosteleros alemanes han optado por una solución más amable pero no menos peculiar. En alguna de sus terrazas, para asegurar el metro y medio de separación, son protagonistas los churros/rulos de la piscina a modo de gorro.

Holanda o Suecia tiran por la calle de en medio y proponen “mesa para uno” en medio del campo. Lo venden como una experiencia culinaria exclusiva. Y, para evitar cualquier tipo de contacto, no hay camareros (ni siquiera robot que tire la cerveza). La comida la dejan preparada en una cesta de mimbre que cuelga de una cuerda para que el comensal la vaya cogiendo de ahí.

En Japón se ha prohibido gritar (de miedo o excitación) en montañas rusas y otras atracciones para evitar la salpicadura de gotitas de saliva. ¡Me admira la contención nipona! Yo es subir a alguno de esos cacharros y empezar a proferir palabrotas (cuando el pánico deja que me salga la voz).

En Singapur, ejemplo de automatización, han decidido tirar de la ayuda de la versión 2.0 de nuestro mejor amigo. Aunque no transmiten ni padecen el virus, los perros están con nosotros en esto. No solo para ayudar a identificar el COVID-19 por el olor -como ya hacen con las drogas o los explosivos- con una tasa de acierto de hasta el 94 por ciento, sino como vigilantes de la distancia social. En este caso Spot, un perro robot, tiene cámaras que ayudan a las autoridades a estimar el número de personas que visitan zonas del parque Bishan-Ang Mo Kio, en el centro de la isla. Se controla de manera remota y cuenta con sensores para detectar objetos y evitar colisiones.

Vuelos falsos a ninguna parte en un “tour simulacro”

El espacio siempre ha sido una necesidad (aunque a los que ya de antes reclamábamos nuestro espacio vital nos miraban raro) y en ocasiones un lujo. Pero ahora también es tranquilidad y seguridad. La aerolínea estadounidense Frontier no quiere perder la oportunidad y ofrece el servicio “Más espacio”. Con él, y pagando 39 dólares adicionales, los viajeros se aseguran de volar con el asiento de al lado vacío.

Pero más allá de eso, quienes en Taiwan tengan “mono de embarque” y no se atrevan o puedan viajar disponen de un tour simulacro” con vuelos falsos a ninguna parte.

Zapatos del número 75 para la distancia de seguridad

Y llegamos a la idea del zapatero rumano… Lup -así se llama- propone unos zapatos del número 75. “Si dos personas con estos zapatos estuviesen enfrente, habría casi un metro y medio entre ellas”, defiende. Él necesita un metro cuadrado de cuero, dos días de trabajo y los vende a cien euros. Lo que no aclara es si los clientes necesitan dejarse las uñas de los pies largas o habrá algún MOOC para aprender a andar con ellos.

A poco que a uno le guste la moda y las pasarelas sabrá que en este mundo lo de sorprender está complicado pero el traje antiCOVID, dotado de última tecnología, lo consigue. Se presenta como una mezcla entre estilo astronauta, con escafandra incluida, y la estética del grupo Daft Punk. No en vano ha sido diseñado por una empresa de eventos musicales preocupada por el futuro de este sector.

Y es que, como dice el refrán, a grandes males, grandes remedios. Aunque podría ser de Bilbao, el vecino que acude cada día a trabajar a nado para respetar la distancia física es de Gijón.

Termino este post de ideas rocambolescas en tiempos de coronavirus con la Barbie cuarentena, una parodia de la famosa muñeca de Mattel. Pero en este caso, lejos de la frivolidad habitual a la que nos tiene acostumbrados, pretendía contribuir a la concienciación.

¿Qué otras ideas locas de la pandemia os han llamado la atención? Contádnoslas en Twitter con el hashtag #COVIDioteces, con mención a nuestra cuenta @TE_GranEmpresa

Imagen: Bonne Basile

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