¿Para cuándo nuevas organizaciones y nuevos jefes?

Virginia Cabrera    11 mayo, 2020

Oímos sin cesar que vivimos un cambio de era. Sin embargo, la forma en la que se gestionan las personas y se hacen las cosas en las empresas ha evolucionado poco.

En un mundo de certezas rotas y confianzas socavadas, las organizaciones deben comenzar a preguntarse acerca de las claves que determinarán si flotan y avanzan o, por el contrario, se hunden. Por vez primera desde comienzos del siglo XX parece que toca reinventar la gestión para sintonizarla con términos como creatividad, cambio exponencial o pasión.

Los jefes también deben reinventarse

Llegan nuevos tiempos y también tendrán que hacerlo nuevas formas de organización en las que el concepto de jefe tal vez deba eliminarse o, al menos, reinventarse. En la era digital, además de enfocarse en eficiencia y resultados, las empresas deben poner el acento en despertar cualidades como la creatividad, la pasión o el compromiso. Son las que llevan a las personas a la excelencia y no se pueden forzar, así que urge reinventar la gestión con un modelo diferente.

Claves de una nueva gestión de las personas en las organizaciones

 Éstas son las principales variables:

  1. El equipo, entendido como un grupo de personas diversas en formación, edad, sexo, cultura y valores, que asume de común acuerdo un proyecto como propio y trabaja en modo distribuido pero con una identidad común.
  2. Una visión clara de lo que es relevante. Ello supone priorizar lo que genera valor para los clientes y, por tanto, beneficios para las compañías. Aunque en una organización todos remen en la misma dirección, cada uno impacta de una manera clara y medible.
  3. Empoderamiento de los trabajadores. Queda atrás el concepto de personas como recursos. Se trata de que adquieran soberanía sobre su propio proyecto, de manera que aflore su capacidad y el deseo de definir de qué manera va a lograr los objetivos y medir sus progresos.
  4. La red es clave como ese lugar común en el que se trabaja en “voz alta y se comparten, de manera transparente, conocimientos y experiencias. Debe servir, más allá del puro seguimiento de un proyecto o de las ventas, para conversar y compartir expectativas y miedos o plantear nuevos retos.
  5. El aprendizaje continuo es otra palanca imprescindible. Las organizaciones deben alimentar ese apetito curioso por desaprender para reaprender de nuevo mediante la exposición a retos y la búsqueda de nuevas herramientas y formatos. 
  6. Líderes al servicio de las personas. Su motivación debe ser ayudarlas a evolucionar.
  7. Un feedback enriquecedor que aflore de manera natural. Compartir una opinión de forma constructiva y sincera ayuda a quien la recibe a mejorar y contribuye al trabajo en equipo.
  8. Hay que sustituir control por confianza. La cultura del presentismo y la necesidad de estar en el puesto de trabajo a la vista del jefe el máximo número de horas posibles ya es anacrónico. Cada uno debe poder decidir desde dónde va a trabajar según sus tareas del día. Así se conjuga eficiencia y experiencia de empleado.
  9. El compromiso como fruto de un modelo en el que todos los trabajadores conocen los planes y objetivos de la compañía, de forma que se sienten protagonistas y partícipes de los mismos. Solo así, sintiendóse parte, todos reman en una única dirección.
  10. La ilusión por el futuro y la felicidad cotizan al alza. Cuando las personas están a gusto se quejan menos y sacan toda su pasión.

Los trabajadores esperan esas nuevas organizaciones porque en su vida personal ellos ya tampoco son los mismas de antes.

Internet y las redes sociales nos han traído algunas certezas que, sin duda, están cambiando lo que somos, lo que sentimos y que, en cierta medida, hacen saltar por los aires las ideas de jerarquía, eficiencia, poder y organización.

Y es que en la Red están sucediendo cosas que lo cambian todo para siempre.

  • En Internet todos compiten en igualdad de condiciones. Cualquier persona puede hacer propuestas y conseguir seguidores, cualquiera “tiene voz”. Las pirámides de poder se rompen y es cada vez más difícil controlar conversaciones o agendas.
  • Uno es lo que aporta, con independencia de su posición e incluso el presupuesto con el que cuente. Si un canal de YouTube o un blog gusta lo que importa es que se alimenten con valor cada día.
  • La influencia y, por tanto, el poder se ganan a pulso. Los líderes se crean y se destruyen de manera natural. La influencia se la conceden sus iguales. La autoridad surge desde abajo y ya no es permanente.
  • El valor se mide en términos de servicio. El poder deriva de compartir y no de acaparar ni ocultar. Liderar no es otra cosa que servir.
  • Uno es libre de elegir sus compromisos. El mundo se mueve por valores, llega el consumidor consciente y suben enteros las marcas o instituciones con propósitos.
  • Los grupos se autodefinen y autogestionan. La gente se organiza de manera espontánea por grupos de interés y, lejos de depender de la valoración de instituciones o inversores, estos son capaces de captar recursos de aquéllos a quienes aportan valor.
  • Las mentiras tienen un corto recorrido. Aunque Internet pueda parecer una gran fábrica de bulos y falsedades con más o menos intención, o que las redes sociales son puro postureo, más pronto que tarde alguien los desmonta.
  • Las distancias desaparecen y las actividades dejan de estar asociadas a un lugar. Surgen nuevas formas de trabajo, ocio y de relación que, aunque en ocasiones sean valoradas como de menor calidad, aportan perspectivas interesantes y abren nuevas oportunidades.

Y esta lista podría alargarse mucho más, pero lo que me interesa plantear en este post es si estos principios se van a trasladar a las empresas. Y la respuesta es que ¡cómo no va a ocurrir, dado que las empresas no son otra cosa que las personas que trabajan en ellas!

Necesitamos, por tanto, empresas ágiles, flexibles, comprometidas en las que los equipos tengan más poder. El trabajo ya no puede ser más sinónimo de un lugar, sino una aportación medible con tareas interiorizadas para poder ponerles pasión y vistas como parte de un todo. Donde lo que cada uno aporte module su retribución y donde el control de gastos y vacaciones lo hagan aplicaciones.

Las nuevas empresas deberán tener jefes que ayuden a a brillar a sus equipos o sobrarán.

Imagen: Pixabay

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