El desembarco de la “generación pandemial” en el ecosistema universitario

Carmen Menchero de los Ríos    3 agosto, 2020
generacion-pandemial

Aún es pronto para analizar con rigor los resultados de la primera convocatoria de las pruebas de acceso a la universidad, que los aspirantes han preparado en un contexto cien por cien online. Estos jóvenes han sido quienes más han sufrido las consecuencias del brusco cambio de agujas en el modelo educativo convencional, impuesto por la necesidad de abandonar las aulas durante el confinamiento. Por ello se habla de una nueva generación pandemial con expectativas y necesidades distintas de las anteriores.

Su desembarco en la universidad representa un hito que marca un antes y un después, más allá de las imágenes de nuestros campus plagados de mascarillas y geles hidroalcohólicos y la distancia de seguridad como norma.

Una universidad para un mundo pospandemia

Dice el refrán que “a la fuerza ahorcan” y lo cierto es que la aventura no ha hecho sino comenzar. A corto plazo ni siquiera sabemos si la situación sanitaria permitirá abrir los centros para el inicio del próximo curso. Pero, al margen de cuestiones logísticas, el problema de base tiene un calado mucho mayor. Es el momento de preguntarnos si la universidad en la que acaban de ingresar estos chicos está preparada para formarlos de cara a liderar ese mundo pospandemia. Una nueva realidad que, en verdad, ya había comenzado a fraguarse antes de que el COVID-19 irrumpiera en nuestras vidas.

Transformación digital de la universidad

Aunque se hablaba mucho de la necesidad de modernizar la universidad y nadie dudaba de que esa hoja de ruta se escribía en clave digital, lo cierto es que el confinamiento nos ha pillado en algunos aspectos con los deberes sin hacer. Ya en 2013 eventos centrados en analizar la adecuación entre educación superior y mercado laboral afirmaban que el actual modelo universitario era insostenible.

Buena conectividad, escasa capacitación digital

Siete años después, el informe DESI 2020, que evalúa el desarrollo de la sociedad digital en la Unión Europea, sitúa a España al filo del “top ten” de países europeos. No es una mala nota, es cierto, pero podría ser mucho mejor si tenemos en cuenta que estamos por encima de la media europea en conectividad, con un digno quinto puesto. Pero en el indicador de la capacitación digital descendemos a la decimoséptima posición, bastante por debajo de la media. Esto implica que corremos el riesgo, una vez más en nuestra historia, de perder el tren del progreso.

Habilidades TIC, un must de la generación pandemial

Pensad que, a pesar de ser España el país europeo donde más ha crecido la demanda de perfiles TIC en los últimos años, continúa existiendo un endémico déficit de estos profesionales. Una tendencia que será más acusada de ahora en adelante cuando se aborden los proyectos de recuperación económica que se han diseñado precisamente sobre el eje de la transformación digital del tejido empresarial. Pero el problema no es solo la escueta cantera de ingenieros disponibles, sino las habilidades tecnológicas que van a requerirse en cualquier ámbito profesional o sector de actividad. Una capacitación que pasará a ser un auténtico “must have” del fondo de armario para la “generación pandemial” cuando, con sus flamantes títulos bajo el brazo, salgan al mercado laboral.

Hora de cambiar la metodología didáctica

Por ello, como dirían nuestras abuelas, hay que “hacer de la necesidad virtud”. Es preciso aprovechar el imperativo de habilitar modelos de enseñanza virtual, por necesidades de salud pública, para acometer una reconversión profunda de la docencia. Y esto tiene mucho más que ver con metodología didáctica que con herramientas tecnológicas. No nos engañemos. Ya no basta con adquirir conocimientos, es imprescindible desarrollar distintas capacidades transversales de carácter digital pero también relacionadas con habilidades de comunicación, creatividad y pensamiento crítico.

Seamos conscientes de que los jóvenes de la “generación pandemial” se enfrentarán a un ambiente laboral de incertidumbre y volatilidad. En él solo sobrevivirán quienes tengan cintura para adaptarse a cambios continuos y olfato para capturar oportunidades.

Este tipo de necesidades formativas obviamente no se pueden atender solo a golpe de videoconferencia, ni tampoco limitándonos a trasladar a plataformas digitales contenidos pensados para un mundo analógico. Lo que se impone es un cambio de concepto que combine tareas síncronas y asíncronas y busque apuntalar entornos colaborativos de aprendizaje basados en la experiencia, donde los estudiantes se entrenen en el desarrollo de proyectos en equipo. Esto implica un cambio profundo en la relación profesor-alumno y, seamos francos, un importante esfuerzo por ambas partes.

Permeabilidad entre el mundo académico y la realidad social y económica

Ya existen múltiples recetas, pero es necesario avivar un poco el fuego y ser cuidadosos con los condimentos para no desvirtuar el sabor. Pensemos, por ejemplo, en la colaboración universidad-empresa, a todas luces imprescindible, siempre que se articule dentro de una relación equilibrada en la que cada uno mantenga su misión y todos ganen.

Aporta financiación y garantiza el contacto con la realidad del mercado, nutre de profesionales que pueden colaborar en tareas docentes y proporciona prácticas que permiten entrenar a los estudiantes con fuego real. Pero, además, se trata de favorecer una interacción que permita abrir las puertas de la universidad más allá de la investigación y la expedición de títulos oficiales. Por ejemplo, mediante la articulación de programas de reciclaje dirigidos a trabajadores senior, a cambio de prácticas para los nuevos talentos. El fin último es favorecer la permeabilidad entre el mundo académico y la realidad social y económica.

De cualquier forma, el recorrido de mejora es amplio y abarca iniciativas de distinta índole. No solo tienen que ver con la revisión de la actual inflación de títulos y la adecuación de los programas, sino también con la necesidad de agilizar trámites académicos y promover una mayor movilidad e intercambio de estudiantes y profesores. A pie de obra también hay mucho por hacer. El impulso de metodologías como ApS (Aprendizaje Servicio) ofrece a los jóvenes la oportunidad de ampliar conocimientos a partir de problemas reales, lo que hace aún más palpable la aportación de la universidad a la sociedad. Solo es un ejemplo de alguna de las fórmulas innovadoras para favorecer una pedagogía enfocada al maridaje entre conocimientos y habilidades.  

El papel de la universidad en el futuro

En definitiva, lo que está en juego es el papel que desempeñará la universidad en un futuro que ya es presente. Un contexto en el que el protagonismo no lo tendrán tanto instituciones como ecosistemas, esto es, un entorno académico en constante interacción con otros agentes sociales. Al menos es la conclusión a la que apuntan consultoras de prestigio como QS (Quacquarelli Symonds), que alerta de una eventual pérdida de reputación de nuestras universidades en el ranking internacional, precisamente por su desconexión con el mundo empresarial. No olvidemos que si la universidad deja de cumplir su función como templo de saber, cantera de talento y motor de desarrollo podría llegar quien ocupe su lugar con intenciones no inocuas.

Pero no seamos pesimistas. Decía Henry Ford que incluso un error puede llegar a ser lo único que se necesite para un logro valioso. Lo cierto es que la crisis del COVID nos ha forzado a acelerar el paso. Hemos logrado sortear el primer envite. Aprendamos de las carencias detectadas para ponernos al día en las tareas pendientes. Esa denominada “generación pandemial” será la que protagonizará el escenario económico que pretenden construir iniciativas como la Agenda España Digital 2025, presentada recientemente. Urge asegurarnos de que estos jóvenes salten a la arena del mercado laboral adecuadamente entrenados o, de lo contrario, se los comerán los leones o serán desplazados por otros gladiadores mejor preparados.  

Imagen: Edna Winti

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *