Eso de un futuro exponencial, ¿lo entendemos de verdad?

Mercedes Núñez    26 junio, 2019
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Hace tiempo que usamos con ligereza los términos “revolución”, “disruptivo”, “un futuro exponencial”… y es que en la era digital el tiempo parece haberse acelerado y los cambios son constantes y vertiginosos. Ya nada es lineal: al tocar una tecla puede saltar otra que descubra una nueva melodía impensable.

IoT es clave en este momento. Flor de Esteban, socia de Deloitte Digital, bromeaba recientemente en el encuentro “Mentes brillantes” con que si un extraterrestre como el Gurb de Mendoza aterrizara en nuestro planeta podría concluir que la especie dominante son los dispositivos conectados y los humanos formamos parte del ecosistema.

En su ponencia se refirió a que es la primera vez que las personas están más adelantadas en el uso de la tecnología y en su adaptación a la misma que las organizaciones, a las que les está costando más transformarse y evolucionar. Pero en cualquier caso señaló el desajuste que se produce entre los humanos, que piensan de forma lineal, y la tecnología, que es disruptiva y nos sitúa ante un futuro exponencial. Puso un ejemplo magnífico: si cayeran cuatro gotas de lluvia de forma exponencial sobre un estadio de fútbol en tan solo 50 minutos estaría inundado, pero tres minutos antes de ese desastre solo estaría encharcado. Difícil de imaginar, ¿verdad?

Haciendo una comparación con este ejemplo, señaló que puede que los asistentes de voz en este momento nos parezcan bastante simples pero “¿y si estuviéramos en el minuto 47 del desarrollo de esta tecnología?”, dijo.

En la actualidad cada una de las tecnologías (genómica, nanotecnología, realidad extendida, conexión hombre-máquina…) es como un gran tsunami y el mérito radica en estar preparados para surfearlo, pero no se trata de enchufar el candelabro -advirtió Flor de Esteban-, requiere un rediseño.

Cada una de ellas y sobre todo la mezcla de ellas nos otorgan superpoderes como humanidad, que suponen una gran responsabilidad pero nos vienen bien porque en este momento también tenemos grandes retos en el planeta, tanto que nos podríamos extinguir como especie -como advierten los más apocalípticos- o darle un vuelco a la situación.

Ante este panorama la tecnología es necesaria pero no suficiente. Como personas, organizaciones, como sociedad la verdadera ventaja competitiva es la adaptación rápida a ella de manera secuencial. Lo importante, como hemos explicado en numerosas ocasiones en el blog es la agilidad en la adopción de la tecnología para ponerla a disposición de las personas: el aprendizaje rápido, la adaptación continua y el uso de habilidades humanas que los robots no tienen como la creatividad, el espíritu crítico, la compasión, la intuición, la imaginación o la pasión.

Así, en el encuentro, que busca inspirar y llamar a la acción, Flor destacó: “Busca lo inherente a ti, compártelo y crea o intégrate en una organización con propósito para impulsar y sacar valor del potencial humano”.

¡Bienvenidos a un mundo exponencial., esto es, de infinitas posibilidades! Pero tengamos en cuenta, claro está, que en el camino no todo va a ser fácil…

Imagen: Gerd Leonhard

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