¿Puede la escuela digital romper la brecha educativa?

Alicia Díaz Sánchez    18 enero, 2021
Escuela digital frente a brecha digital

La brecha educativa tiene que ver no solo con el nivel de conocimientos y el acceso a la tecnología, sino también con el estrato social y económico, e incluso con la región donde se vive dentro de un mismo país. Todo ello ha quedado patente con la llegada de la pandemia y la puesta en marcha a toda prisa de una escuela digital.

Alfredo Hernando, fundador de Escuela 21, comentaba durante el evento Enlighted 2020, en la mesa redonda “Romper la brecha educativa: la escuela digital contra la desigualdad”, que con el estallido de la pandemia 190 sistemas educativos de todo el mundo pararon a la vez y se posicionaron en un nuevo punto de partida por una escuela digital.

“Era una prueba no ensayada, un espacio que nunca habíamos podido imaginar, y que nos sumergió de lleno en la era del aprendizaje, en la era dorada de los datos y la personalización”.

Escuela digital para combatir la desigualdad

¿Qué puede hacer la escuela digital para combatir la desigualdad? Para Lucas Gortázar, consultor educativo del Banco Mundial, la escuela digital no deja de ser el gran proyecto emancipador de la educación. Con la tecnología a su servicio, debe incluir a todos los alumnos con el propósito de que todos avancen lo máximo posible.

Magdalena Brier, directora general de Profuturo, asegura que cuando se habla de escuela digital, solemos pensar en un aula con muchos ordenadores y un montón de alumnos que acceden a plataformas online.

Sin embargo, “en Profuturo nos gusta pensar qué puede hacer la escuela para que nuestros alumnos consigan las competencias relacionadas con la creatividad, la comunicación, el pensamiento crítico y la capacidad de tomar decisiones. Para ello, hay que formar a los docentes para que consigan estas competencias, incluso en lugares donde no hay conectividad».

Acceso a Internet y mucho más

Por su parte, Beatriz Morilla, directora general de la ONG Empieza por Educar, asegura que la escuela digital “es un sueño, una idea con varios retos. No es un teléfono con acceso a Internet, necesita unas competencias y un aprendizaje muy personalizado. Es una oportunidad para generar alianzas entre profesores, directores de centros y familias”.

Para Rosa María Llorente, directora del colegio Ramiro Solans de Zaragoza, la escuela digital es un instrumento fundamental de aprendizaje. Con ella se garantiza la justicia social y la igualdad digital en aquellos contextos más desfavorecidos. También es un espacio donde la persona, el humanismo y la ética del cuidado deben estar muy presentes.

Un dato revelador: solo un 28 por ciento de sus alumnos se conectaron durante el confinamiento con un dispositivo propio. El resto lo hizo con los móviles de sus padres. «El mundo virtual ha ofrecido la oportunidad de formarnos en herramientas digitales, y hemos realizado un ejercicio colaborativo muy importante: los docentes más formados digitalmente han ayudado a los demás», dice Llorente.

Asimismo, la tecnología ha permitido al colegio Ramiro Solans hacer un seguimiento emocional de los alumnos. Durante el confinamiento llamaban semanalmente a cada familia para ver cómo estaban y, así, poder detectar sus necesidades más acuciantes.

Escuela inclusiva

Su segundo reto fue seguir siendo inclusivos. Para ello, dotaron a los alumnos de tabletas que tenían en el centro, pero se encontraron con un gran hándicap: las familias no sabían usarlas y no podían ayudar a sus hijos. Para poder seguir adelante, tuvieron que diseñar una operativa en la que los docentes montaron ordenadores y asesoraron técnicamente a las familias.

“Conseguimos, a través de la página web del centro y de blogs sencillos, que los alumnos y las familias fueran participando de ese proceso de formación. A nosotros la tecnología nos ha permitido pensar que la escuela inclusiva es posible, aunque somos conscientes de que nos quedan aún muchos retos por conseguir”, afirma Llorente.

Tres brechas digitales

La brecha digital no solo tiene que ver con la conexión, sino que -parafraseando a Mario Fernández Enguita- hay tres tipos: la brecha de la conexión, la del dispositivo y la brecha del uso.

En este contexto, ¿cómo se relaciona la brecha digital con otras, como la socioeconómica? ¿Es viable que el empuje de lo digital ayude a romper estas brechas?

Lucas Gortázar asegura que hay una parte de la brecha digital que tiene que ver con las desigualdades sociales. El mero acceso a un dispositivo es la más obvia. Después está la capacidad que tiene cada alumno para utilizar un dispositivo de forma autónoma y crítica, de manera que le permita diseñar su propia experiencia de aprendizaje. Y eso depende mucho, en una situación de cierre escolar, del entorno del hogar.

“La escuela tiene un componente académico y cognitivo muy fuerte y si tus padres han tenido acceso a educación superior, la capacidad que tienen para ayudarte a diseñar una experiencia en torno a un contenido, siempre va a ser mayor”, manifiesta.

Hay una tercera brecha, que estamos viendo en todos los países del mundo, que no tiene tanto que ver con lo social, sino con las diferencias entre los centros educativos.

Según Gortázar, hay unas estructuras que permiten que unos centros se hayan adaptado mejor que otros. La relación y la rigidez entre los centros públicos y las consejerías a veces han impedido que los centros pudieran ser autónomos. Y los centros que tenían mayor autonomía, como los concertados y sobre todo los privados, estaban más preparados para ejercer esa autonomía, tanto en capacidad como en recursos.

Por otra parte, “en algunas comunidades autónomas hemos visto que los centros privados o concertados con un alumnado vulnerable podían reaccionar más rápido, por ese uso habitual de la autonomía”.

Más competencias digitales en los centros educativos

Profuturo, que no está trabajando en España en este momento, pero sí en América Latina, Caribe, África y Asia, es un claro ejemplo de proyecto internacional que lucha por reducir la brecha educativa en el mundo, sobre todo en los entornos de más vulnerabilidad.

Se creó en 2016 y sus fundadores están convencidos de que lo digital es el arma más poderosa para transformar la educación. Por ello, Profuturo enseña a utilizar las TIC y emplea metodologías innovadoras para cambiar el aprendizaje y el estudio, para hacer que los profesores enseñen y los alumnos puedan aprender de una manera diferente.

Su forma de ayudar durante la pandemia ha consistido en hacer llegar a todo el mundo todos los contenidos digitales que tenían, e incluso han distribuido contenidos no digitales en entornos sin conectividad.

Sin colaboración no hay aprendizaje

Otro ejemplo de organización que trata de mejorar la educación en el mundo es Empieza por Educar. Su objetivo es buscar el talento entre el profesorado en entornos de mucha dificultad.

Morilla, su directora general, manifiesta que el confinamiento y los meses posteriores han sido muy duros para todos. “Incluso estudiantes con ordenadores y conexión no han podido seguir el aprendizaje porque no tenían autonomía, motivación ni ganas de aprender. Y los profesores tampoco han recibido formación para poder seguir atendiendo a esos alumnos».

«Sin esas competencias, todo es mucho más complejo. El riesgo de abandono es mucho más grande cuando las dificultades de aprendizaje son mayores», subraya.

Uso de la tecnología para renovar el CV académico

Se habla mucho de niños nativos digitales. ¿Pero que los hace digitales? ¿El hecho de que desde bebés se les dé un móvil para que se distraigan y no molesten? Eso no significa que se desenvuelvan bien con las aplicaciones digitales, sino simplemente que estas les resultan familiares.

Durante el confinamiento algunas familias han jugado un papel fundamental para romper la brecha digital, pero en otros casos no ha sido así. Lo que ha quedado claro, al no poder asistir presencialmente a clase, es que la competencia digital de los niños no es tan alta como se pensaba, y que a los docentes les falta formación en tecnologías.

Ahora mismo lo que más preocupa a las familias es pasar la pandemia y la crisis económica. A partir de ahí, este experimento natural que hemos vivido ha hecho que toda una generación de padres vea cómo es realmente la escuela. También han podido conocer cómo es la relación que sus hijos tienen con los docentes, así como las fortalezas y debilidades del sistema educativo. Y todo ello les ha llevado a adquirir un mayor interés por la tecnología”, concluye Lucas Gortázar.

Comentarios

  1. Muy interesante el artículo. Un tema que da para mucho debate.
    En mi opinión, la escuela digital puede reducir la brecha educativa, pero está claro que no va a acabar con la desigualdad en la educación, porque es imposible.
    El entorno socioeconómico y el acceso a la tecnología pesan mucho a la hora de hablar de igualdad en educación.
    Del mismo modo que nunca se erradicarán el hambre y la pobreza (porque no les importa realmente a los países desarrollados), la educación es algo que también está lejos del foco de los que detentan el poder y de los que tienen medios para paliar las desigualdades educativas.

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