La emoción como verdadera revolución tecnológica

Mercedes Núñez    21 junio, 2019
Emoción

Puede que el titular “La emoción como verdadera revolución tecnológica” os resulte extraño. Tanto como si habláramos de las personas como los perfectos robots… pero en este post trataré de explicarlo.

Comentaba que volvería a escribir sobre “Mentes brillantes” y hoy lo hago para centrarme en dos intervenciones que dan para una reflexión profunda. Corrieron a cargo, respectivamente, de Marta de la Fuente, responsable del Servicio de psicooncología del Hospital MD Anderson Cancer Center Madrid y de Sarah Harmon, directora de LinkedIn para España y Portugal.

Marta de la Fuente, reputada experta en estrés y ansiedad, habló de “La emoción como verdadera revolución tecnológica” e introdujo un interesante concepto: el big data emocional y es que la tecnología -dijo- nos ayuda a mejorar nuestra calidad de vida pero las grandes empresas se están preocupando también de manera prioritaria de lo que sentimos, para utilizarlo a su favor. Está claro que lo hacen y que la tecnología otorga un enorme poder para entender a las personas (sus clientes). El IoT contextualizado sirve, por ejemplo, para predecir sentimientos que generan necesidades.

Pero lo que ella recalcó en su intervención es que debemos ser nosotros los que nos interesemos por nuestras propias emociones. Frente a lo que podríamos pensar, estas emociones dependen de la genética en un 50 por ciento, del comportamiento en un 40 por ciento y de la situación tan solo en un 10 por ciento. De ahí que haya un amplio margen para trabajar en el 40 por ciento que depende de nosotros. La cuestión es que rara vez lo hacemos. Marta pidió a los asistentes que pensaran en las tres personas más importantes de su vida. Cuando preguntó quiénes se habían incluido apenas había alguna mano levantada.

Cuidamos de la alimentación, nos preocupamos de hacer ejercicio físico, vigilamos las horas de sueño pero ¿y lo emocional? Marta hizo reparar en ello a los presentes: “¿Cuándo fue la última vez que os preguntásteis por las emociones?, ¿os interfieren?, ¿os dominan a veces?, ¿qué hacéis para mejorar esa situación?, ¿os funciona?, ¿es suficiente? ¿Qué estrategias usáis para gestionar vuestras emociones en tiempo real?”. También aclaró, frente a la corriente reinante en que parece que no se puede estar triste, que el positivismo llevado al extremo es muy perjudicial y que las emociones “negativas” no lo son tanto, tienen su utilidad.

El mensaje clave fue que la “salud emocional” es una asignatura pendiente en todos los ámbitos de nuestra vida. Y su importancia es tal que se trata precisamente de una de las habilidades blandas que más valoran y buscan las empresas. Por ello, dijo Marta de la Fuente, “no nos debemos olvidar de trabajar en ella, además de hacer el “gran máster”.

La emoción -concluyó- es la verdadera revolución. Debemos trabajar la salud emocional, pensar en nosotros mismos, priorizarnos, disfrutar de nuestros momentos al margen de la tecnología, que ésta nos sirva pero no nos domine ni nos estrese. Porque si estamos bien podremos contagiar emociones positivas y ayudar a otros, como demuestran las neuronas espejo. Si tenemos salud emocional podremos disfrutar de una sociedad y un mundo mejor.

Sarah Harmon, por su parte, lanzaba una provocadora pregunta: “¿Y si el robot del futuro eres tú?”. Y me quedo con su concepto de edge of personal growth o borde del crecimiento personal, relativo a que las personas somos máquinas de aprendizaje continuo.  Y, para que se entendiera, hizo una metáfora con Data, el androide de Star Trek para quien su creador construyó un “chip emocional”, que resultó un absoluto desastre. El cerebro humano, en cambio, es el órgano más plástico y maravilloso. Frente a los robots, tenemos inteligencias de distintos tipos: la “normal”, emocional y digital.

En este momento, señaló la directiva de Linkedin, el ejercicio necesario es pensar cómo queremos casar el mundo físico con el digital, compaginar capacidad de adaptación y empatía y ver cómo los robots nos pueden sumar y no restar, que no nos conviertan en vagos ni les temamos.

Para aprovechar las oportunidades de la cuarta revolución industrial es necesario salir o mejor -como dice Yoriento- “ampliar” nuestra zona de confort. Sarah se refirió a un estudio según el cual el 70 por ciento de los españoles no perseguimos nuestros sueños por miedo al fracaso o al éxito pero insistió en que es necesario llegar al “borde del crecimiento personal” porque es ahí donde sucede la magia, donde crecemos. Acomodarse es morir, afirmó.

No parece probable que vayamos a encontrarnos en el ascensor con el CEO de la compañía de nuestros sueños, con lo cual tenemos que plantearnos el trabajo soñado como un trabajo en sí mismo. Un candidato tiene que ser “encontrable”, tener una huella digital, una marca personal. La directora de Linkedin para España y Portugal aconsejó estar al menos en los dos canales que mejor le encajen a uno, que le vayan bien para contar sus habilidades y “su historia”: quién eres y quién aspiras ser. Aún así no será pan comido, Sarah apuntó que el 80 por ciento del trabajo está oculto, las vacantes no se publican pero, claro, si uno busca por su nombre y no hay resultados, el problema se agrava mucho más…

Debemos pensar -dijo la ponente- qué tipo de trabajo queremos (que nos llene el alma) y en qué clase de empresa queremos estar (alineada con nuestros valores) y trabajar para que el sueño se haga realidad. La emoción también supone una diferencia competitiva.

El futuro corresponde a los creativos y los curiosos -afirmó. El factor crítico del éxito, según una encuesta de IBM y Linkedin, pasa por habilidades como la comunicación verbal, la creatividad, la colaboración, la persuasión, el liderazgo… Desde el propio sistema educativo se premia la conformidad  y en la práctica no muchas empresas promueven el flujo de ideas (un departamento de innovación no es la solución porque la innovación no puede ser un silo, sino una filosofía). Debe imponerse la revisión continua, premiar a quiénes se preguntan los por qués, contrastan información y se cuestionan la autoridad.

En definitiva, el mensaje de Sarah fue que las personas somos verdaderas máquinas de creatividad y quienes decidimos si se puede y, sobre todo, si se debe hacer algo, no la tecnología.

Un mensaje con el que Telefónica está alineada.

Imagen: silviarita/pixabay

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