El vehículo autónomo y el comienzo de una nueva era

Julen Di Pietro Avezuela    11 octubre, 2013

Como muchos de vosotros, cada mañana me veo inmerso en una lucha interna por controlar mis emociones mientras navego por una jungla de asfalto a través de la cual decenas de miles de personas intentamos con más o menos éxito llegar a nuestros respectivos lugares de trabajo.

Alterado y nervioso por la urgencia que me persigue, intento desesperadamente cambiar de carril una y otra vez con tal de ganar unos minutos al reloj hasta que la vía se acerca a su máxima capacidad, el efecto acordeón hace acto de presencia y la congestión se hace evidente a través de una larga fila de vehículos que se pierde en la distancia.

Sin poder evitarlo, absorto por la fila de luces rojas que tengo ante mí, pienso en cómo será el transporte en el futuro, en las ventajas que nos aportará, en cómo transformará la sociedad una vez más y en si algún día llegaré a verlo con mis propios ojos.

Afortunadamente en los últimos tiempos se está produciendo un cambio radical: la industria quiere proporcionar coches autónomos en menos de una década, multitud de organismos trabajan en pro de la búsqueda de estándares de comunicación y un nuevo player, Google, ha irrumpido con su impresionante driverless car sacudiendo con fuerza los pilares que sostenían esta estructura.

Surgen muchas preguntas alrededor del concepto del coche autónomo pero antes de seguir debatiendo sobre esta cuestión conviene repasar algunos de los fundamentos en los que se basa esta tecnología:

  • Soluciones basadas en el uso  de sensores:

Dotan al vehículo de un conjunto de instrumentos que le permiten recopilar información sobre su entorno. Estas herramientas se engloban dentro del término ADAS (Advanced Driver Assistance Systems) y se apoyan en el uso de elementos como el RADAR (Radio Detection And Ranging), el LIDAR (Light Detection and Ranging), cámaras de video, GPS, etc.

El principal problema del uso de sensores es su alto coste económico, que impide que lleguen al mercado de manera masiva y hace que la integración de estos sistemas se limite a gamas altas y marcas exclusivas. Este hecho, unido a la complejidad de crear un modelo virtual fiel a la realidad, ha relegado estas soluciones a pequeños módulos que sólo actúan en determinadas situaciones como cambios de carril, control de crucero adaptativo, etc.

  • Soluciones basadas en conectividad:

Se establece un canal de comunicación inalámbrica entre pares Car-2-Car o Car-2-Infraestructure, que permite el intercambio de información entre ambas partes.

Agrupadas bajo el término Car-2-X, estas soluciones se encuentran menos desarrolladas que las basadas en el uso de sensores debido a la necesidad de que exista una masa crítica suficiente para su funcionamiento efectivo o la dependencia del uso de sensores por la falta de visión que éstos ofrecen del entorno directo del vehículo.

Como referencia principal cuentan con el proyecto “Drive c2x” que, financiado por los principales players de la industria automovilística, trabaja para el desarrollo de sistemas cooperativos basados en esta tecnología.

Es fundamental entender que los vehículos autónomos deben ser capaces no sólo de tener visión sobre su entorno inmediato, (señales de tráfico, peatones, objetos en la calzada, estado de la carretera, etc.) sino que además deben ser capaces de relacionarse entre ellos mismos. Esto sólo se puede conseguir a través de una delicada convergencia entre los dos tipos de soluciones comentadas anteriormente, pero ¿está la industria del automóvil preparada para asumir este reto?

Veamos la solución que plantea Volvo con el sistema SARTRE (Safe Road Trains for the Enviroment) y que explota el concepto de trenes de carretera o platooning. Una agrupación de vehículos que incrementa la capacidad de transporte de las carreteras. Al poder acelerar o frenar síncronamente se elimina la distancia de reacción necesaria para los humanos, lo que permite insertar una mayor cantidad de vehículos en las carreteras.

Es un proyecto interesante pero personalmente me genera muchas dudas, al ser un modelo que no cubre el desplazamiento extremo a extremo y además al estar basado en una solución de platooning implica la figura obligatoria del líder del convoy, lo que no parece práctico ni escalable.

Hay que asumir que a pesar de la enorme potencia de la industria del automóvil, su diversificación ha sido muy escasa y se ha centrado en el vehículo: evolución de la seguridad, mejora de  la eficiencia y demás factores que, aunque imprescindibles, no han permitido generar un ecosistema del que partir para el desarrollo del coche autónomo.

El desarrollo de aplicaciones de mapas, el manejo de enormes volúmenes de información que alimenten potentes motores de búsqueda y el recubrimiento de estas capacidades con servicios que las hagan accesibles son factores clave en el avance hacia el vehículo inteligente.

Por ello es un error pensar que la convergencia que necesitamos puede venir de la mano de la industria tradicional, ya que es necesaria la entrada de nuevos actores que dinamicen el sector con propuestas más horizontales. Veamos la primera pieza que aporta Google.

El verdadero reto a medio plazo está en hacer converger la industria del automóvil con la sociedad de la información. Hacer que ambos mundos dejen de coexistir en paralelo es lo que realmente impulsará la transformación y el comienzo de una nueva era. Google ha dado el primer paso al anunciar la liberación de su tecnología driverless car en un plazo de unos tres a cinco años, lo que permitirá que los fabricantes de automóviles integren esta solución de manera similar a la que los fabricantes de terminales móviles lo hacen con Android hoy en día.

Es difícil predecir cuáles serán las características de esta nueva era hacia la que nos dirigimos. Sin embargo, no puedo evitar pensar en la aplicación de protocolos de transporte que regulen la circulación y la congestión en las carreteras fomentando el ahorro del combustible y minimizando las pérdidas humanas y económicas derivadas de los accidentes de tráfico. Pienso en el florecimiento de multitud de servicios que harán desaparecer de nuestras vidas problemas cotidianos como la búsqueda de aparcamiento, el repostaje o el paso de revisiones periódicas. Surgirán nuevos modelos de negocio, aumentará la productividad, el tiempo libre…

Hay muchas barreras que eliminar, pero que a nadie le quepa ninguna duda: la transformación no tiene vuelta atrás.

Imagen: wordlessTech

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *