El poder del futuro… ¡y acción!

Félix Hernández    27 agosto, 2019

Oír hablar de talento y liderazgo en boca de personas que poseen estos atributos es siempre una oportunidad de aprender, máxime cuando el tema presenta tantas aristas. Ser líder hoy puede verse de muchas maneras, pero a continuación repasaré algunas excelentes visiones para tomar la medida al mundo que se nos viene encima, que muchos llaman digital pero sigue siendo gobernado fundamentalmente por personas y para personas.

Voy a escribir de la mesa redonda “El poder del futuro”, que tuvo lugar en el marco de la última edición del Digital Enterprise Show. Los participantes fueron Fuencisla Clemares, country manager de Google, Ángeles Delgado López, CEO de Fujitsu, Sarah Harmon, country manager de LinkedIn, Marta Martínez, presidenta de IBM España y Sergio Oslé, presidente de Movistar+ y moderó el encuentro, con gran entusiasmo, Marta Jaumandreu, presentadora de RTVE.

Fuencisla Clemares explicó que nos encontramos ante un momento de singular impacto en muchos ámbitos y afirmó que los días actuales son momentos para generar “experiencias de nueva generación”. Desde su punto de vista, las capacidades de liderazgo diferenciales son la anticipación, ser capaz de marcar el camino, pero también la colaboración, la capacidad de romper los silos de datos y de contribuir a este cambio cultural.

Sarah Harmon, por su parte, mencionó cómo desde LinkedIn quieren tener una foto del talento en el mundo para encontrar y aprovechar oportunidades allí donde las haya, como poder determinar dónde existe un conocimiento diferencial que puede mejorar la formación de la comunidad.

Marta Jaumandreu puso sobre la mesa que el reto fundamental es más social que empresarial: ¿cómo vamos a cambiar para adaptarnos lo antes posible?, ¿cómo trabajaremos en los próximos años?, ¿ qué pasa con quienes no sepan adaptarse y se queden relegados?

Sergio Oslé contó que para Movistar+, inmerso en la industria de contenidos, la tecnología ha sido responsable de grandes cambios en la última década (para mi gusto de los más interesantes pues ocio e información son transversales), con una globalización creciente y  cada vez más poder por parte de la generación de los contenidos y menos de los distribuidores. Señaló Oslé que nadie puede predecir cómo será la industria en los próximos cinco años pero está claro que hay que invertir en talento, que es lo diferencial.

Para IBM – explicó Marta Martínez-, aún después de haber contribuido a la transformación de las empresas, la ascensión a cloud o la inteligencia artificial sigue siendo complicada. Desde la compañía creen que para conseguir que la transformación sea más profunda se requieren cambios en la organización, en las personas y sus capacidades… , algo así como una capa cognitiva que ayude a dotar de sentido el momento.

Ángeles Delgado destacó que para Fujitsu es muy importante la visión de innovación centrada en las personas, y mencionó la “innovación confiable”. Hay que generar un sistema de confianza en la red -dijo-, considerar este aspecto desde el diseño mismo de las tecnologías. Igual que las creamos, debemos salir de nuestras pequeñas comunidades y saberlas comunicar, que toda la sociedad entienda y comparta su impacto, explicó.

Marta Jaumandreu puso también sobre la mesa el gran tema de cuáles serán los perfiles del futuro, cómo llegar a ellos y qué hacer para retenerlos.

Fuencisla Clemares explicó que ve una fuerte dualidad: los habrá muy técnicos, aquéllos capaces de comprender los intríngulis, pero también habló de los “traductores”, y estos últimos serán los más difíciles de conseguir. Los describió como “ingenieros de letras” capaces de conectar conceptos abstractos y mundos disjuntos y transmitir los aspectos críticos de unas mentes a otras. En realidad, dijo, para no quedar fuera de juego, independientemente de su profesión todo el mundo deberá tener unos conocimientos técnicos mínimos.

Sarah Harmon defendió las habilidades blandas por encima de las técnicas (las cada vez más famosas soft skills), cuya demanda va en aumento: la capacidad verbal, la creatividad y, sobre todo, la inquietud intelectual.. Y argumentó que la economía se mueve por las ideas que generan las personas más que por las herramientas que las configuran o las posibilitan.

A la pregunta de cómo abordar el déficit de talento Sergio Oslé respondió que con una educación que convierta a los niños en una especie de navaja suiza con capacidad de adaptarse a los diferentes roles necesarios a lo largo de su vida. Mencionó también que necesitamos, sobre todo, creadores. Es cada vez más crítico saber hallarlos en la sociedad digital.

Respecto a cómo impulsar el cambio cultural de las organizaciones, Marta Martínez apuntó a los valores -no es cuestión de tecnología ¡ojo!-. Aunque pueda sonar manido, son los valores los que hacen de un proyecto de compañía algo sólido y creíble: el foco en el cliente, la innovación, su compromiso… Hay que tener una seña de identidad como compañía y la compañía son personas que, sobre todo, comparten estos esquemas de valores.

Ángeles Delgado añadió a lo anterior la creencia de que los profesionales de la próxima década estarán superespecializados (habla del quantum computing) pero a su vez deberán tener una visión humanista y esas habilidades blandas que mencionábamos.

Todos coincidieron en que el  éxito está en la diversidad de perfiles, en la diversidad y en dotar de agilidad a la organización de manera transversal.

Fuencisla Clemares complementó lo anterior con su confianza en la innovación disruptiva. Expuso que ha llegado el momento de abordar los problemas de manera exponencial, ya no sirven arquetipos incrementales. Se refirió a empresas que aprenderán a competir diez veces mejor que las demás y para ello la innovación no podrá tener lugar solo en el departamento técnico. En este sentido, Sarah Harmon mencionó su libro favorito -y uno de los míos- “Organizaciones exponenciales” de Salim Ismail, Michael S. Malone y Yuri Van Geest en el que dicen que no es tanto el producto sino la propia organización la responsable.

En cuanto al liderazgo, todos los participantes coincidieron en la necesidad de un liderazgo participativo, que promueva el flujo de ideas y cercano al cliente.

Sergio Oslé apostilló que el liderazgo muchas veces debe estar asociado al riesgo, a tomar decisiones que den un poco de miedo. Yo añado que la emoción como herramienta que conduce y guía a las organizaciones en su éxito me encanta.

Marta Martínez mencionó un modelo de líder con mentalidad abierta e interlocución variada. Se deben romper barreras, todos los individuos de la compañía deben ser relevantes y hay que transmitírselo. Ángeles Delgado estuvo de acuerdo y esbozó su teoría del  “líder de mentalidad humilde” que sirve al empleado y no al revés. El líder debe inspirar confianza e interesarse esencialmente en las personas. Se le pide una doble velocidad: que saque adelante el día a día mientras desarrolla lo nuevo, y eso exige conocer a la perfección al equipo.

También se habló del liderazgo en disrupción: ¿Cómo gestionar una empresa en un entorno VUCA?

La responsable de Google habló de la importancia de la experimentación, de vivir en cambio continuo. Sería como “el laboratorio práctico de las empresas digitales”.

Marta Martínez apostillaba que en este momento en que las fronteras entre industrias no son claras todos compiten con todos y los liderazgos no son de uno u otro sector sino que ¡simplemente lo son! Por eso los mejores son cada vez más necesarios.

Sergio Oslé se refirió a la obligación de los líderes de trabajar para encontrar el talento preciso.

Termino recordando “El arte de la prudencia” de Gracián, en el que el autor del Siglo de Oro  habla de «saber distinguir al hombre de palabras del hombre de hechos». En esto último descubriremos al buen líder del que simplemente fanfarronea de ello.

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