El futuro de la salud se imprime en tres dimensiones

Ana García-Valenzuela    11 septiembre, 2015

Si Charles Babbage, el creador de los mecanismos de impresión, levantara la cabeza  le sorprendería que su boceto realizado en los años 40 se haya transformado con los años y la genialidad de Charles W. Hull en una máquina capaz de mejorar la vida de las personas e incluso salvarla. Sí, lectores, hablo de la impresora 3D y de su poder para hacer milagros.

El primer modelo se comercializó en la década de los 80, pero es ahora cuando vive su apogeo gracias al movimiento maker y su aplicación con éxito en diversos campos. Encontramos esta innovadora tecnología en la industria aeronáutica, en el sector de la automoción, en arquitectura, moda y hasta en la cocina. Las consultoras estiman que en tres años las impresoras 3D llegarán a nuestros hogares y, al igual que Internet o la telefonía móvil, causarán una auténtica revolución en nuestras vidas.

En este post quiero compartir cómo este avance tecnológico ha beneficiado al sector sanitario y las emotivas historias que se están imprimiendo con él. Por ejemplo, la de Isabella, una niña inglesa de ocho años que, gracias a un donativo de la empresa E-Nable, ha sentido por primera vez lo que es jugar y abrazar con las dos manos. El vídeo en el que recibe el brazo de alegres colores impreso en 3D se convertía hace unas semanas en viral. Pero el testimonio y la sonrisa de Isabella no ha sido la única. En el Hospital Sant Joan de Deu de Barcelona un grupo de cirujanos ensayaron la intervención de Marc, un niño de cinco años, con una réplica exacta de su tumor realizada en 3D, mientras que en Reino Unido, el rostro desfigurado de Stephen Power fue reconstruido con esta peculiar forma de impresión. Y cada día encontramos más historias sorprendentes en las que la avanzada tecnología en 3D ha cambiado la vida de muchos pacientes.

Tres innovadores usos de la impresión 3D en medicina

La impresión 3D se aplica cada vez más para crear modelos o réplicas exactas del cuerpo humano que permiten a los cirujanos practicar intervenciones complejas a escala real y así tener mayor probabilidad de éxito, como en el caso del pequeño Marc.

Las prótesis e implantes ha sido el campo que más está creciendo, ya que la impresión 3D posibilita crear modelos más anatómicos, compatibles y  personalizados a un bajo coste. Además, permite en aquellas prótesis movibles dotarlas de una mayor naturalidad e incorporar robótica y electrónica para optimizar su funcionamiento. En apenas unos minutos y directamente desde una imagen de una radiografía o resonancia se pueden realizar prótesis personalizadas. Amanda Boxtel pudo volver a andar tras estar postrada en una silla de ruedas más de una década, gracias a un exoesqueleto fabricado en 3D. En China, Hanhan, una niña de tres años con hidrocefalia salvaba su vida al serle trasplantado un cráneo de titanio obtenido con esta misma técnica.

En línea con las prótesis y yendo más allá en la innovación, el español Juan Monzón ha unido dos tecnologías tan rompedoras como la impresión 3D y los dispositivos wearables para crear Exovite, una startup especializada en la rehabilitación ósea y muscular. Su proyecto, reconocido con varios premios, utiliza las impresoras 3D para crear férulas a medida del paciente, que inmovilizan el miembro fracturado e incorporan un sistema de electroestimulación que, conectado al móvil y a una app propia, llamada Exopad, le permite seguir la rehabilitación desde casa, lo que reduce en un 30 por ciento el tiempo de recuperación y los costes de las bajas laborales. El Hospital MAZ de Zaragoza será el primero en aplicar esta innovadora técnica en sus pacientes.

Un tercer uso o reto de la tecnología 3D es la impresión de órganos humanos. Con la donación apenas se cubre el 12 por ciento de la necesidad mundial de trasplantes. ¿Os imagináis poder reproducir órganos vitales con una impresora? La bioimpresión 3D es mucho más compleja de lo que parece, debido a la necesidad de crear e integrar sistemas vasculares que permiten la circulación sanguínea y a la necesidad de garantizar la estabilidad de las células durante el proceso de fabricación. Se han implantado órganos sencillos impresos en 3D como una tráquea o vejiga, pero queda aún mucho camino por recorrer. Algunas empresas punteras ya han creado los primeros componentes orgánicos y se están especializando en ello. Es el caso de la estadounidense Organovo, que trabaja con impresoras que utilizan células como material para crear tejidos de todo tipo con el objetivo de acelerar las pruebas de laboratorio. Las compañías farmacéuticas se han interesado en estos avances para ensayar directamente en tejido u órganos humanos y evitar así los fracasos que se producen en la experimentación animal o clínica. Y es que hay mucho dinero en juego. Sólo en España, la industria farmacéutica invirtió en 2013 un total de 927,6 millones de euros en Investigación y Desarrollo, de los cuales 457,1 millones de euros se dedicaron a ensayos clínicos.

La multinacional francesa de cosmética L’Oreal ya ha tomado posiciones y se ha unido a Organovo para agilizar la producción de tejidos que les permitan probar la seguridad y eficacia de sus productos.

A por una salud de impresión

El abaratamiento que permite la tecnología 3D unida a sus múltiples ventajas (personalización, precisión, reducción de tiempos, de costes…) ha impulsado su crecimiento en el ámbito sanitario. Hoy el 95 por ciento de los audífonos que existen están realizados con tecnología de impresión 3D, al igual que muchas de las piezas dentales que se producen. Hace unos meses la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) anunciaba la aprobación de Spritam, una pastilla impresa en 3D que trata las convulsiones epilépticas. El hecho de que sea fabricada con esta tecnología aditiva facilita su disolución en el agua. Quién sabe si en un futuro próximo este método se integrará en nuestros centros de salud para que  los profesionales médicos  puedan recetar las dosis precisas a los pacientes con un simple ajuste en un software antes de imprimir las pastillas en la misma consulta.

Está visto que nuestra salud se va a mover en otra dimensión: la 3D. Estoy convencida de que seguiremos viendo innovaciones que nos dejarán impresionados.

Imagn: Ars Electronica

Comentarios

  1. Muchas gracias por vuestros comentarios.Definitivamente la tecnología 3D ha llegado para revolucionar la forma en que hacemos casi todo. Estoy convencida que en poco tiempo será normal ver una impresora 3D asistiendo en un quirófano, en un laboratorio de investigación o en la misma consulta médica. Ahora queda educar a las próximas generaciones a utilizarla en toda su dimensión 😉 Saludos, Ana

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