El reto de conseguir el data center más eficiente energéticamente

Roberto García Esteban    23 noviembre, 2020
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Cuando en mayo de 2018 Microsoft depositó todo un data center a treinta y seis metros de profundidad en el fondo del océano Atlántico, aproximadamente a un kilómetro de las costas de las islas escocesas de Orkney, parecía una idea bastante loca. Se trataba de avanzar en la eficiencia de los data centers. Ahora, tras más de dos años sumergido, ha sido recuperado revestido de crustáceos, algas y anémonas. Los expertos que lo han analizado han comprobado que no era una idea tan disparatada.

Proyecto Natick: un data center en el fondo del mar

La principal conclusión obtenida del proyecto Natick- así se ha denominado- es que de los 864 servidores que se sumergieron en el Atlántico, solo ocho han tenido algún tipo de fallo. Eso es aproximadamente ocho veces menos que la tasa de fallos habituales.  

Este valor tan bajo puede explicarse, según las primeras conclusiones de los estudios realizados, por dos motivos. El primero, porque el contenedor metálico en el que estaban alojados los servidores se rellenó de nitrógeno, gas menos corrosivo que el oxígeno. Y en segundo lugar porque en el fondo del mar no hay humanos… y cuantos menos humanos pululando, menor número de fallos en los equipos.

El incremento de servicios en la nube y la eficiencia de los data centers

A medida que usamos más y más servicios en la nube crece la preocupación por la enorme cantidad de energía que se necesita para alimentar y refrigerar los centros de datos que alojan los servicios cloud. Explorar la posibilidad de sumergir data centers en el mar surge precisamente de la necesidad de reducir los costes de refrigeración de los equipos. La eficiencia de los data centers es una cuestión prioritaria.

Microsoft eligió el Atlántico Norte para este experimento por la baja temperatura del agua y en concreto la zona de Orkney por estar allí ubicado un importante centro de investigación de energías renovables que genera el cien por cien de la electricidad consumida por sus habitantes. El data center submarino del proyecto Natick se alimentó por completo con estas energías renovables. Pueden existir dudas de si esa energía sería suficiente para un centro de datos tradicional. Lo cierto es que basta para alimentar un data center sumergido en aguas frías y con temperatura prácticamente constante todo el año, donde la necesidad de refrigeración es mucho menor.

Otras ubicaciones curiosas: cuevas, minas y cerca del polo norte

Pero el fondo del mar no es el único destino peculiar para un data center. Pocos de los visitantes de la catedral de Uspenski, en Helsinki, saben que bajo sus pies se halla un data center de la empresa Equinix, ubicado en una cueva subterránea que servía de refugio antiaéreo durante la Segunda Guerra Mundial. Aprovecha las frías aguas del mar Báltico para refrigerarse y, además, el calor que emite se absorbe y se distribuye para calentar el agua que sirve como calefacción a unos 500 hogares de Helsinki.

Otro ejemplo curioso es el Lefdal Mine data center, ubicado en una mina abandonada en Noruega. Sus 120.000 metros cuadrados son refrigerados con agua de los fiordos y alimentados exclusivamente con energías renovables. La idea ha llegado a Asturias, y sus antiguas minas se postulan como posibles sedes para replicar este proyecto en un futuro.

En busca de la eficiencia de los data centes también podemos encontrar algunos de estos centros muy cerca del polo norte, como el que instaló en 2013 Facebook en Lulea, Suecia. Es una zona donde las temperaturas rara vez superan los 10 grados y, en ocasiones, llegan hasta los cincuenta bajo cero. Resulta clave para que ese centro de datos consuma un 40 por ciento menos energía que otros.

En busca de bajos costes de energía y operación

Por ahora no habrá ningún data center de uso comercial sumergido en el océano, pero el proyecto Natick ha demostrado que la idea no es en absoluto estrafalaria. Resulta posible implementar centros de datos pequeños y flexibles en las zonas costeras de todo el mundo, más cerca de donde están los clientes, como una forma modular de ampliar la capacidad de los centros de datos ya existentes. Así se podría responder a crecimientos de demanda de servicios cloud con bajos costes de energía y operación.

La sostenibilidad como ventaja competitiva

El proyecto Natick es otra prueba más de que los grandes gigantes mundiales de cloud tienen muy presente mejorar la sostenibilidad de sus equipos. Lo demuestra el hecho de que en 2018 los data centers mundiales consumieron aproximadamente el uno por ciento de toda la electricidad mundial, que es exactamente el mismo porcentaje que en 2010, a pesar de que la cantidad de computación realizada entre 2010 y 2018 se multiplicó por más de cinco.

Por tanto, la sostenibilidad y la eficiencia energética son parámetros clave a la hora de diseñar cualquier centro de datos. Supondrán una ventaja competitiva para las compañías que sepan encontrar las soluciones más eficientes, aunque para ello haya que llevarse el data center al fondo del mar o a una antigua mina abandonada.

Imagen: United Nations Photo

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