“Don’t be evil”

Lorena De la Flor    5 junio, 2015

¿Qué clase de empresa elige como lema de la compañía  “Don’t be evil” (no hagas el mal) para recordárselo cada día a sus empleados y directivos? Pues claramente una que puede hacer el mal. Una empresa que puede pero no quiere.

Vamos a hacer un ejercicio teórico de qué tendría que hacer una empresa cualquiera, potente en el mercado, para adquirir el mayor conocimiento posible sobre los seres humanos de este planeta. Bueno, sobre todos no, sólo sobre los del llamado primer mundo, con su trabajo, su teléfono móvil y un poder adquisitivo suficiente como para empezar a ser interesantes económicamente.

Imaginemos una empresa que quiere saber qué hace alguien a lo largo de todo el día. Supongamos que ya monitoriza muchas cosas y es capaz de saber qué tipo de películas le gustan en función de qué críticas lee en Internet, qué ideología política tiene por los periódicos que consulta on line y hasta sus gustos sexuales según su historial de búsquedas pornográficas. Supongamos que puede leer una gran parte del contenido de su correo electrónico gracias a que proporciona una cuenta gratis a dicho usuario y con ello sabe con quién se relaciona, dónde planea ir en sus próximas vacaciones y conoce ese pequeño problema de salud de su hijo pequeño. Supongamos que facilita el sistema operativo de su dispositivo móvil, y gracias a ello puede localizarlo físicamente en todo momento y saber qué aplicaciones utiliza. Incluso podría saber a dónde quiere ir por las búsquedas en sus mapas y también cuándo va a esos lugares porque le proporciona un navegador gratuito que le indica qué salida de la rotonda tomar.

Es bastante información, pero no suficiente para una empresa que quiere saberlo todo. Sabe mucho de sus gustos y de lo que hace en sus ocho horas laborales delante de un ordenador aunque se pierde lo que ocurre cuando el usuario está trabajando con aplicaciones instaladas en su PC: documentos, hojas de cálculo y demás ficheros quedan fuera de su alcance… a no ser que le ofrezca una serie de herramientas que pueda utilizar on line desde cualquier ordenador y que, además, sean gratis… ¡Maravilloso!

Puede saber dónde está gracias a la localización de su dispositivo móvil, salvo las fastidiosas veces en las que se lo deja en casa o en el coche. Quizá sería mejor inventar un dispositivo nuevo que siempre, siempre, lleve puesto. Tal vez un reloj siempre conectado a Internet…

Pero, ¿cómo saber si cuando entra en una tienda física sólo mira o está comprando? Si todas las compras fueran on line resultaría más sencillo, pero este ser humano se empeña en seguir comprando de manera tradicional. Sería más fácil si el dinero fuera digital pero no todo el mundo lo adoptaría tan rápido. Si pudiera ser un banco y recibir la información de todos los movimientos bancarios a lo largo del mes sería perfecto. Pero convertirse en un banco es mucho más complicado y, en realidad, sólo necesita conocer las operaciones.

Eso de las compras on line parece que le está yendo muy bien a otras empresas del sector. A lo mejor sería interesante introducirse en este negocio pero la logística es algo complejo cuando en realidad sólo necesita saber qué es lo que se vende. Con conseguir  que todas las compras on line pasaran por un portal de la empresa en el que actuara como intermediador sería suficiente.

Esta supuesta compañía podría, así,  llegar a saber qué información busca, qué vídeos ve, qué mapas le interesan y a qué sitios va alguien, e incluso localizarlo en todo momento. Podría conocer los movimientos bancarios que hace y qué compra on line. Pero, dado que esa persona pasa demasiado tiempo en su casa, sería muy interesante saber también cuándo llega y en qué habitaciones está. Seguramente con herramientas de domótica que le ayuden a encender y apagar las luces de las habitaciones y controlar la temperatura tendría mucha más información sobre cómo se mueve y qué es lo que hace.

Si tuviera cámaras de seguridad sería mucho más sencillo monitorizar todo lo que ocurre pero el software de análisis capaz de ver todas esas horas de vídeo para procesarlas y obtener datos de comportamiento es mucho más complejo que la información extra que realmente se puede obtener. Quizá en la siguiente fase…

Y ¿qué ve en la televisión? Lo que comenta en redes sociales no es lo suficientemente preciso y la información que se recoge de audiencias sólo toma pequeñas muestras con espectadores que saben que tienen un aparato instalado, lo que siempre ocasiona dudas sobre si se comportan distinto al saberse observados (ay, este Heisenberg…). La televisión sigue siendo una pieza crucial en el salón de estos seres humanos. Si fuera posible que ésta recogiera toda la información de lo que ven estas personitas…

Y ¿cuándo y cuánto duerme? Nota mental: será necesario añadir sensores para el control del movimiento en el reloj inteligente…

Pueden saber si tiene mascota gracias a los productos que compra, pero ¿cómo saber de qué color son sus ojos o si su padre tiene alopecia? Si tan sólo fuera posible almacenar todas sus fotos…

Esta empresa ficticia puede saber qué hace alguien en el trabajo y en su casa pero, ¿y mientras se desplaza? Es necesario que el coche esté conectado a Internet también para que envíe información periódica. ¿Y que se conduzca solo? Bueno, de alguna manera habría que ofrecer una ventaja al conductor para que esté dispuesto a proporcionar toda esa información…

Estáis ante un ejercicio teórico de una parte de toda la información que podría conseguir una empresa sobre el comportamiento de una persona, en concreto en una sociedad cada vez más digital. Y quien dice una persona dice muchas, al menos un gran porcentaje de las que interesan económicamente. Y ¿para qué podría querer esta empresa ficticia todos estos datos abstractos de comportamiento de millones de personas anónimas en el mundo?

La respuesta podría ser para poder presentar información comercial (publicidad) a estos usuarios, de acuerdo con sus gustos, lo que permitiría monetizar la información y utilizarla cada vez en más sitios distintos y cuando el usuario supuestamente tiene mayor probabilidad de comprar.

Pero, en realidad, parece que se podrían hacer muchas más cosas con el mayor big data jamás creado, ¿no?

Con tiempo para haber podido recopilar información suficiente, con datos cruzados sobre el comportamiento por regiones con sucesos que ocurran en éstas, podrían trazarse correlaciones y tratar de predecir éxitos en el mercado de determinados productos, cambios políticos, movimientos bruscos de bolsa. La psicohistoria  de Asimov sería realmente posible.

Se podrían vender datos de estado de ánimo de ciudadanos, satisfacción frente a algún elemento externo o cualquier otro macro dato que, a buen seguro, estaría muy bien pagado por grandes organizaciones y gobiernos. Podría estudiarse bajo petición el comportamiento de individuos concretos antes de ser contratados en una gran empresa o saber si son investigados por algún crimen.

Pero todo esto no deja de ser un “gran hermano” con un poquito de predicción, nada que no nos hayan contado ya en unas cuantas novelas y películas. Si eres capaz de predecir de alguna forma las consecuencias de una determinada secuencia de factores, ¿eres también capaz de influir y producir el cambio? Cierto es que resulta complicado alterar el comportamiento de grandes masas, por mucho que ya sepas cómo se comportan, para que ocurra algo, pero ¿qué te impide influir en los datos que compartes o vendes? Muchas veces para que ocurra algo sólo es necesario predecirlo y darlo por sentado. Si una empresa (y en este punto da igual que sea una empresa privada o el gobierno de un país específico porque ambas tienen intereses concretos) tuviera acceso a todo este conocimiento, ¿qué le impide utilizar ese conocimiento de forma sutil para favorecer sus intereses?

Pues sólo una cosa: “Don’t be evil” (no hagas el mal).

¿Será suficiente?

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