La industria agrotech y los pueblos

Félix Hernández    16 agosto, 2022
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El informe DESI (Indicadores de Economía y Sociedad Digital) de la UE de este año trae excelentes noticias. España asciende peldaños en la digitalización: escala cinco posiciones en la integración de tecnología digital. Eso nos sitúa en un fantástico séptimo lugar, próximo al “pelotón de cabeza” de los países nórdicos. Otro aspecto que hay que destacar es la excelente posición de nuestros servicios públicos (en quinto lugar) y la relativa mejora del capital humano (que asciende dos puestos hasta el décimo). Veremos qué significa esto respecto a la industria agrotech.

La digitalización de la industria agroalimentaria

¿Quiere decir que todo va bien entonces? No, significa que estamos construyendo correctamente el sustrato para el próximo gran salto. Puede resultar sorprendente que otras economías como Francia o Alemania estén por debajo en el escalafón (puestos 12 y 13 respectivamente). Pero no es que el informe DESI esté mal construido, sino que contempla tan solo la mera digitalización de la economía.

Grandes números pero ¿y los pueblos?

Si España desea impulsarse hacia delante deberá aplicar estas palancas de la digitalización al tejido empresarial y a su particular idiosincrasia. Tomemos como ejemplo nuestra industria agroalimentaria. Con más de 30.000 empresas y más de medio millón de personas empleadas, es el puente y tracción del sector primario. Es responsable del 10 por ciento de nuestro PIB y España es la octava potencia mundial en este ámbito. ¡Son grandes números!

Pero detrás hay más aún: están esos pueblos a los que muchos volveremos este verano. Pueblos muchas veces vacíos y envejecidos, que curiosamente fueron la clave de nuestra seguridad alimentaria durante la pandemia y seguramente lo serán en fechas próximas. Porque la carne y el cereal no nacen de las góndolas de los supermercados ni en las cadenas de procesado de las grandes industrias.

Los urbanitas (yo mismo) consideramos un placer un plato de jamón y un buen vino. Y el aceite de oliva, los pimientos del piquillo… La lista es interminable, tan larga como los caminos que habremos de recorrer este verano o las tardes de terraza que pasaremos en la plaza del pueblo. Sí, este país es tan infinito y diverso como lo son sus pueblos y sus gentes.

Una industria agrotech competitiva y sostenible

Es indudable que la digitalización ayudará al sector agroalimentario en su competitividad y sostenibilidad. Pero lo que hoy quiero poner de relieve es el tercer eje: las regiones, la tierra, las gentes. Lo digital debe permitir ese relevo generacional en nuestros campos y es la oportunidad también para que la mujer, que ya juega un papel importante, cobre aún mayor protagonismo.

Ahí son pieza clave los Fondos Europeos y también el PERTE Agro, cuyas bases de las ayudas se aprobaron a comienzos de este mes. Es nuestra responsabilidad que los proyectos de digitalización creen un sector transversal agrotech más próspero en el que la riqueza llegue hasta nuestros pueblos.

Ahora que muchos nos marchamos  de vacaciones será un gran momento para reflexionar sobre estas intenciones. Podemos encontrar la ocasión para charlar con tranquilidad con esas gentes que viven del campo, para las que constituye su día a día. Es una oportunidad para entender mejor sus historias, sus felicidades y sinsabores. Quizá también para explicarles un poco nuestros proyectos e intenciones, la de urbanitas-digitalizados que aspiran a que algún día las tecnologías transformen e impulsen sus negocios y esto se refleje en mejores indicadores y tengamos, así, un mundo agrario digitalizado por presente.

¡Feliz verano!

Imagen: Raúl AB

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