“Horizontes de grandeza”: el problema de DevOps en las grandes organizaciones

Eduardo Méndez Polo  28 noviembre, 2016
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Hace poco volví a ver uno de los grandes clásicos del western: “Horizontes de grandeza” (The Big Country, 1958).

Esta obra maestra de William Wyler cuenta las desventuras de un marino (Gregory Peck), prometido con la hija de un ranchero del viejo oeste, que se ve envuelto en las peleas que su futura familia política, los Terrill, mantienen contra los Hannasey.

Y estaba yo disfrutando como un señor del peliculón cuando caí en la cuenta de lo frecuente que es encontrar casos de éxito de DevOps en startups y lo difícil que es hallarlos en grandes organizaciones. Estas últimas son demasiado complejas y están siempre demasiado ocupadas en mantener su “modo de vida” habitual como para poder abordar transformaciones precisamente de ese “modo de vida”, aunque la cuestión es que éstas pueden ir dejando de ser convenientes para convertirse en absolutamente necesarias.

En la película cuentan que Henry Terrill y Rufus Hannassey habían sido buenos amigos en su juventud cuando los grandes pastos no tenían dueño, ellos eran pequeños ganaderos y todo estaba por hacer. Pero el tiempo los llevó a que cada uno debiera centrarse en la evolución y crecimiento de su propia actividad, lo que ocasionó diferencias de criterio que fueron la causa de rencillas y malos entendidos, que terminaron degradándose a lo largo del tiempo hasta convertirse en un crudo enfrentamiento.

Vamos… lo mismo que ocurre en más de una organización TI de tamaño medio y grande. Hace años, cuando las empresas eran más pequeñas, o cuando hubo que abordar tal o cual proyecto de gran calado, las personas de desarrollo y operaciones trabajaban unidas, con una comunicación directa y un alto grado de empatía, es decir, los problemas de uno eran los problemas de todos. Pero al terminar ese proyecto, o al ir madurando la organización, las personas se fueron separando. Y se centró cada cual en su función, sus objetivos, su procedimiento… Y estas diferencias entre ambos mundos se empezaron a ensanchar y se olvidaron de que los intereses de cada uno no pueden existir si no están unidos y subordinados a los objetivos de la empresa y sus clientes.

Y os preguntaréis ¿podría “Horizontes de grandeza” darnos alguna pista sobre cómo abordar la adopción de DevOps y mejorar la eficacia en los modelos de trabajo de las grandes organizaciones?

Pues… sí y no. Me explico: a l final de la película (spoiler alert!) los patriarcas de los clanes Terrill y Hannassey comprenden que son ellos quienes mantienen y agrandan el problema entre sus familias, pero tampoco pueden vivir ignorando los agravios pasados, así que se enfrentan en un duelo en el que los dos salen mal parados… Vamos, que no salen.

Líbreme Dios de decir que recuperar los duelos pueda ser una solución para nada. Pero sí que nos sirve como muestra de los enormes cambios que es necesario realizar. ¿Cambios en qué? Pues en eso tan profundo que llamamos cultura organizativa. O, lo que es lo mismo, que ya no nos vale “hacer las cosas como siempre se han hecho”. Necesitamos otra vez aprender desde cero.

Y precisamente esto es lo que queda después del duelo. Cada uno de los clanes deberá vivir de una forma diferente a partir de ese momento y encontrar la forma de resolver los problemas comunes. Y hacerlo reconociendo que la oportunidad de crecimiento y de superar los retos futuros solo podrá convertirse en realidad trabajando juntos.

¿Y Gregory Peck? Pues al final se queda con la chica, que para eso es el protagonista. Pero no con su prometida. Ésa se queda con Charlton Heston. Gregory se casa con Jean Simmons, que es mucho más guapa.

Imagen: ptross

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