Cuando los juguetes de tus hijos también están conectados

Beatriz Sanz Baños    11 julio, 2019

Relojes, drones, lámparas que se controlan desde el móvil o patinetes conectados  ya son una realidad en nuestro día a día. La conectividad y el almacenamiento de datos han ido copando poco a poco el mercado de productos de consumo, era cuestión de tiempo que campara a sus anchas en el sector del entretenimiento infantil.

Las marcas de juguetes conocen bien las preocupaciones de los padres por proteger a sus hijos y tenerlos localizados. También saben que los niños son sus futuros consumidores y que, de hecho, son ya consumidores exigentes. Intentando enfrentar estas dos cuestiones los fabricantes se han animado a lanzar productos infantiles inteligentes y conectados que brinden tranquilidad a los padres y diversión a los hijos, inaugurando una nueva categoría en el mercado tradicional de los juguetes.

El diseño, la complejidad de software y la usabilidad de sus juguetes son esenciales para captar la atención de unos niños cada vez más precoces tecnológicamente y hacer juguetes seguros es esencial para la tranquilidad de los padres, que perciben la vulnerabilidad de los menores en el entorno digital.

¿Recuerdas cuando llegaron al mercado los juguetes interactivos? El Tamagotchi o el Furby fueron los primeros juguetes con los que el niño podía mantener una relación virtual. Era la última tecnología en juguetes en los años 90, pero queda muy lejos hoy. IoT ha traído al mercado juguetes complejos que, no solo interactúan con el usuario, sino que se conectan con otros dispositivos y se comunican con ellos.

Para los niños, nativos digitales y con una gran destreza tecnológica, los juguetes conectados son dispositivos muy atractivos, más aún si se pueden manejar de manera remota desde un Smartphone.  

El 61% de los niños entre 10 y 15 años tienen ya un teléfono inteligente. Considerando que la edad media en la que los niños empiezan a usar un smartphone en la actualidad son los 13 años, los juguetes conectados pueden colaborar en el desarrollo de las competencias digitales de los niños ya desde los 2 o 3 años y preparar así el camino hasta que tengan su propio terminal. Además, estas nuevas modalidades de juego interactivas y participativas favorecen la alfabetización digital y permiten a los niños desarrollar capacidades, destrezas y habilidades tecnológicas de la forma más natural: mediante el juego.  

Los juguetes interactivos IoT son dispositivos inteligentes capaces de interactuar mediante conectividad inalámbrica con otros dispositivos presentes en el hogar y también con equipos de la sede del fabricante.

Juguetes como tabletas infantiles, robots programables o muñecos interactivos pueden tener funciones complejas como el reconocimiento facial o de voz y son capaces de interactuar con los niños respondiendo a sus preguntas o imitando sus movimientos. También pueden incorporar cámaras y micrófonos para grabar el momento del juego y después almacenar en la nube todos esos datos. Aquí es donde el tema de la privacidad cobra gran importancia, por lo que es importante escoger productos que ofrezcan garantías de seguridad.

Un ejemplo de este tipo de juguetes es Teksta perro Robot 4G, una mascota robótica que interactúa con el niño y que puede controlarse desde el móvil gracias a una app a la que se conecta mediante ultrasonidos. 

Los niños pueden programarlo mediante comandos o con un terminal móvil, y escoger así el modo en que se comporta su mascota. Este perro robot es evolutivo e interactivo: aprende progresivamente y responde tanto a los comandos seleccionados mediante el móvil como a los gestos de voz del niño, hasta el punto de saltar y dar vueltas si se le pide. Tiene una pantalla LED que le permite expresar seis emociones diferentes y un hueso, también conectado, con el que se alimenta y que se ilumina cuando necesita comer. Esto favorece que el niño aprenda a gestionar diferentes variables mediante la monitorización.

También encontramos en el mercado el Minion MIP turbo Dave. El juguete puede hablar con el niño y ser teledirigido mediante gestos y una app a la que se conecta por Bluetooth. 

Lo más interesante es que la app contiene bloques de programación educativa. Mediante un sencillo sistema de codificación el niño puede programarlo para realizar distintas tareas y diseñar circuitos para que camine por ellos.

Los niños tienen una tendencia innata a la creatividad y lo interesante de estos juguetes es, precisamente, que ofrecen una dimensión creativa y enriquecedora. El niño, mediante estos juegos, no es mero consumidor, sino que se convierte en creador. No es una exposición gratuita a las pantallas, sino que tiene un fin más allá, educativo, cuando tiene que construir, diseñar o programar.

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