¿Contamina internet?: Centros de datos “verdes”

Paloma Recuero de los Santos    18 septiembre, 2019
Centros de datos verdes

¿Tienes idea de cómo afecta Internet al medio ambiente? Según datos del Banco Mundial, en 2017 ya estaba conectado a Internet un 48,5% de la población mundial (por supuesto de forma muy desigual, desde un 1% en países como Eritrea, a un 98% en los países más desarrollados). Y el número no deja de crecer. Tanto es así, que desde enero de 2018, el número de personas que se han conectado por primera vez a Internet ha aumentado un 9%, llegando a los 4.390 millones de usuarios en 2019, Veamos cómo se genera este impacto y qué podemos hacer para reducirlo lo más posible.

Figura 1: Evolución del porcentaje de la población mundial conectada a Internet (Banco Muncial)
Figura 1: Evolución del porcentaje de la población mundial conectada a Internet (Banco Mundial)

Los datos.

Una de las consecuencias más fácilmente identificables de este crecimiento exponencial es la generación paralela de grandes volúmenes de datos. De hecho, el nivel de datos que se genera cada semana a nivel mundial, supera el acumulado en los últimos 1000 años de Historia de la Humanidad.

Esta creciente demanda de intercambio de datos y el volumen de información almacenada en la nube ha creado la necesidad de construir espacios de almacenamiento y procesamiento de cada vez mayor tamaño. Estas instalaciones, que funcionan 24 horas, 7 días a la semana y bajo condiciones muy concretas de temperatura y humedad, pueden llegar a consumir más energía de la que consumen países de gran tamaño. Y su número aumenta cada día.

De hecho, la empresa Cisco Systems, estima que el número de centros de datos a hiperescala en el mundo aumentará de 259 en 2015 a 485 para 2020

Los dispositivos.

Además de las implicaciones derivadas del imparable crecimiento de los datos, hay otras que nos pueden pasar más desapercibidas.

Cuando hablamos de dispositivos, por un lado, debemos tener en cuenta el impacto que supone su fabricación , tanto en lo referente a uso de materias primas muy específicas y recursos energéticos, como al que tiene la forma en la que nos deshacemos de ellos cuando ya no son útiles (basura tecnológica). A ésto habría que sumarle otros “aportes” relativos a transporte, logística etc

¿Podemos cuantificar de alguna manera cómo afectan a nuestro entorno? La respuesta es “si”, y para ello, lo que hacemos es cuantificar su huella de carbono.

¿Qué es la huella de carbono de Internet?

La huella de carbono es forma de cuantificar las emisiones de gases de efecto invernadero liberados a la atmósfera como consecuencia de una determinada actividad. Se utiliza como  herramienta de sensibilización para tomar conciencia del impacto que genera cada actividad en el calentamiento global.

Y sí, se puede calcular la huella de carbono que genera cada correo enviado (un alto porcentaje de ellos no deseados), cada tuit, cada búsqueda en Google, cada foto subida a una red social…

Esto ha permitido darse cuenta de que los centros de datos constituyen una de las industrias más contaminantes del mundo. Tanto es así que, si no hacemos nada para evitarlo, el impacto de las industrias TIC en la generación de gases de efecto invernadero puede llegar a alcanzar para 2040 valores equivalentes al 50% del impacto generado por el uso de el combustibles fósiles en el sector transportes.

Los equipos y servicios de tecnología de la información y la comunicación (TIC) consumen más del 8 % de la energía eléctrica en la UE y producen alrededor del 4 % de sus emisiones de CO2. Estas cifras podrían duplicarse de aquí a 2020.

Agencia Digital de la Comisión Europea (Septiembre 2010)

Es por ello que, a pesar de suponer un gran reto, desde 2008, la UE cuenta con un Código de Conducta voluntario para mejorar la eficiencia de los centros de datos y reducir el consumo de energía al que ya se han sumado muchas empresas.

¿Cómo podemos reducir el efecto de las TIC sobre el calentamiento global?

A título personal, podemos llevar a cabo acciones tales como darnos de baja en newsletters que no nos interesen, evitando la conocida como “contaminación latente”, debida al almacenamiento innecesario de correos electrónicos. También podemos reducir nuestras consultas a Google, y evitar parar horas viendo vídeos de gatitos en Youtube o conectados a las redes sociales.

En definitiva, hacer un uso responsable de Internet, siendo conscientes de que cada una de estas acciones es un granito de arena, sí, pero es un suma y sigue al balance global, y somos muchos millones de personas los que “aportamos nuestro granito”.

Sin embargo, la parte del león, está en conseguir unos centros de datos más eficientes y respetuosos con el medio ambiente: los “green datacenters” o centros de datos “verdes”.

Centros de datos verdes.

En 2017, Greenpeace USA elaboró un informe “Clicking Clean: ¿Quién gana la carrera para crear un Internet verde? 2017” que analiza a las huellas energéticas de los operadores de los mayores centros de datos y de casi 70 de los sitios y aplicaciones más populares del mundo y explicó la situación en un didáctico vídeo:

La evolución de las Apps (Greenpeace)

Urgió a las principales compañías de Internet a dejar de usar energías “sucias” anticuadas y contaminantes, y empezar a cubrir su necesidades energéticas al 100% con energías renovables como, por ejemplo, fuentes hidraúlicas y eólicas.

Fruto de este interés surgieron los centros de datos verdes, que son aquellos que adoptan soluciones tecnológicas sostenibles que contribuyen a la mejora de la eficiencia energética y, por tanto, a la sostenibilidad económica y medioambiental.

Las condiciones medioambientales de algunos países como Irlanda, Noruega, Islandia, Suecia etc les han convertido en auténticas “superpotencias” de centros de datos verdes.

Por ejemplo, en Noruega se construyen centros de datos energéticamente eficientes y sostenibles junto a los fiordos. Utilizan sistemas de refrigeración que llevan el agua, a 8ºC, desde el fiordo a la estación sin utilizar energía eléctrica, únicamente con la ayuda de la gravedad, y sin necesidad de hacer uso de gases refrigerantes, lo que asegura que es una planta sostenible con cero emisiones .

En otros casos, se construyen centros de datos subterráneos, como el Lefdal Mine Datacenter, que, situado en una antigua mina a más de 600 metros de profundidad, obtiene el suministro energético de una central hidroeléctrica cercana; o incluso submarinos, como el proyecto Nactik de Microsoft en las islas Shetland.

Conclusión

El sector de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) debe ser pionero en la adopción de soluciones tecnológicas sostenibles que contribuyan a la mejora de la eficiencia energética y, por tanto, a la sostenibilidad económica y medioambiental.

Uno de los principales avances hacia esta sostenibilidad consiste en la evolución de los centros de datos tradicionales hacia centros de datos a “hiperescala”. Estos centros consiguen importantes ahorros en el consumo energético usando grandes matrices de servidores básicos diseñados para tareas específicas en lugar de servidores convencionales, y  adoptando los últimos avances en refrigeración.

Por otra parte, empresas como Google, han conseguido importantes reducciones en el consumo energético de sus centros de datos optimizando el uso sus sistemas de refrigeración mediante algoritmos de inteligencia artificial.

Por último, no podemos olvidar que muchas start-ups y grandes empresas como Intel y AMD, están desarrollando semiconductores para fabricar nuevos microchips basados en tecnologías como la fotónica para alimentar las redes neuronales y otras herramientas de inteligencia artificial y que consumen mucha menos energía.

En definitiva, aunque el avance tecnológico plantea importantes desafíos para la conservación del medio ambiente, al mismo tiempo, cada día, ofrece nuevas soluciones.

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