De compras por el metaverso

Roberto García Esteban    14 enero, 2022

Hace unos días un amigo me contaba que se había gastado una cantidad considerable de dinero en una nave espacial para jugar en el metaverso. Como no quiero desvelar ningún secreto, os diré que la cifra no tiene nada que ver con el desembolso de Papá Noel unos días antes en los FIFA Points para que mi hijo mejore su equipo del FIFA 22. Su intención, aparte del placer de jugar manejando una máquina de esa envergadura es convertir algún día ese gasto en inversión. La idea es rentabilizar la nave participando en competiciones o, en un futuro alquilándosela o, llegado el caso, vendiéndosela a otros jugadores.

El concepto del metaverso ya esta aquí

El metaverso entendido como un mundo virtual al que nos conectaremos a través de una serie de dispositivos que nos harán pensar que estamos realmente dentro de ese mundo virtual, tiene todavía un futuro bastante incierto. Hoy en día no hay muchos dispositivos de realidad virtual que permitan experiencias inmersivas en mundos virtuales como las que se nos prometen. Directivos de Intel corroboraban recientemente una percepción extendida en la industria tecnológica al declarar que “nuestra infraestructura de computación, almacenamiento y redes en este momento no es suficiente para permitir esta visión del metaverso«. Para conseguirlo sería necesario ampliar la capacidad de procesamiento actual en torno a mil veces. Ni siquiera podemos afirmar aun si habrá un solo metaverso o múltiples metaversos más o menos conectados entre sí.

Pero lo que sí es cierto es que el concepto ya está aquí. Mi hija pequeña queda con sus amigas que viven fuera de Madrid en cafeterías virtuales dentro de Roblox, a las que acceden simplemente con una tablet. Así, avatares mediante, pueden hablar de sus cosas mientras se toman una pizza virtual o se entretienen con algún otro juego de la plataforma. Y, aunque un mundo virtual totalmente inmersivo todavía queda un poco lejos, lo que ya existe, como explicaba al principio, es la posibilidad de adquirir posesiones virtuales dentro de ese mundo virtual.

Ejemplos de «compras virtuales» en el metaverso

Y hay ejemplos mucho más locos que la nave espacial que comentaba de compras de bienes “virtuales”. El fundador de Twitter Jack Dorsey vendió recientemente su primer tuit por 2,9 millones de dólares. Poco después, Sophia, un robot con aspecto humanoide creado por la empresa Hanson Robotics de Hong Kong, obtuvo 689.000 dólares por un autorretrato (sí, un autorretrato) dibujado por el propio robot. Eso sí, contó con la ayuda del artista digital Andrea Bonaceto (este sí que es un humano). Él creó un primer boceto muy básico de Sophia, que luego fue procesado por las redes neuronales de la robot para pintarse a sí misma interpretando la imagen que estaba viendo y tomando sus propias decisiones en el proceso. El resultado fue una obra titulada Sophia Instantiation, un archivo MP4 de 12 segundos que muestra la transformación que Sophia lleva a cabo a partir del primer retrato de Bonaceto hasta el resultado final.

Otro ejemplo de “compras virtuales” es el de Decentraland, la plataforma de realidad virtual creada sobre la blockchain de Ethereum. Se trata de un mundo virtual en el que los usuarios pueden comprar parcelas de terreno, construir sobre ellas o venderlas. La diferencia con otros juegos estilo Minecraft es que Decentraland es propiedad de los jugadores y no de la empresa desarrolladora. Se trata de un mundo virtual gobernado por estándares abiertos, sin una organización central, donde hay un cierto sentido de comunidad entre los jugadores. Así, la economía del juego es creada y gestionada por los propios jugadores, de manera que pueden comprar y monetizar el contenido de sus tierras.

Compras basadas en Tokens no fungibles o NFT

Todas estas adquisiciones se basan en los tokens no fungibles o NFT (Non-Fungible Token). Los NFT son archivos digitales respaldados por blockchain, la misma tecnología sobre la que descansan criptomonedas como Bitcoin y Ethereum. Pero, a diferencia de las criptodivisas, una NFT es totalmente única y el libro mayor de blockchain en el que se encuentra verifica quién es el propietario legítimo de ese activo único. Esa procedencia segura significa que no es posible hacer una copia de una NFT y pasársela a otra persona como si fuera la original.

Para muchos, las NFT no son más que otro formato digital que corresponde con el salto siguiente a esas pequeñas compras que ya pueden hacerse en un videojuego. Para otros, los NFT serán la base de un mundo en el que no habrá registros sobre la propiedad en papel sino que todo estará tokenizado y, así, perfectamente registrado quién es el dueño de cada cosa.

Futuro y tamaño del metaverso

Personalmente creo que aún está por ver si eso de invertir en activos tan “de fantasía” es una idea brillante o una locura, y dependerá notablemente de la reputación del emisor. Pero es innegable que la idea tiene su encanto, y más teniendo en cuenta que el interés por ese mundo digital no hará más que crecer en los próximos años. Bloomberg Intelligence estimaba recientemente que el tamaño del mercado del metaverso alcanzará los 800.000 millones de dólares en 2024. Naturalmente, hay un riesgo en este tipo de inversiones, pero ya se sabe que a mayor riesgo, mayores rentabilidades posibles.

Imagen: Pixabay/Tumisu

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