¿Cómo hablar a los niños de Inteligencia Artificial?

Paloma Recuero de los Santos    24 enero, 2020
Niño absorto en un teléfono móvil

Desde la conocida como “generación de los constructores”, los nacidos entre 1925 y 1944, a los pequeños “alfa”, los hijos de los “millenials”, la tecnología ha ido ganando terreno e influencia sobre la vida de las personas. Ya no se trata de una herramienta de investigación o de producción. La “generación alfa”, los nacidos a partir de 2011, y antes que ellos, la “generación Z” (primera década del 2000), son ya auténticos nativos digitales. La Inteligencia Artificial, la realidad aumentada, los juegos de realidad virtual etc crean un contexto nuevo que, indudablemente, influirá en sus actitudes, hábitos y habilidades cognitivas.  Pero este nuevo contexto implica también nuevos riesgos para los cuales los adultos podemos y debemos prepararles. En este post daremos algunas claves para hablar a los niños sobre la inteligencia artificial de forma que aprendan a disfrutar de sus ventajas, minimizando o al menos siendo conscientes de sus riesgos.

Figura 1: Tabla de generaciones digitales
Figura 1: Tabla de generaciones digitales

La inteligencia artificial y los niños: el problema

En épocas anteriores, la relación de las personas con la tecnología en general, y con la inteligencia artificial en particular, estaba basada en “texto”, normalmente usando lenguajes de programación especializados. Sin embargo, hoy, la inteligencia artificial ha aprendido a hablar e interpretar el lenguaje humano. Así, aunque hablemos con un asistente como si fuera una persona, y le digamos, “Siri, quiero un vídeo de Pepa Pig”, en ningún momento vamos a dudar de que Siri NO es una persona. Sin embargo, se está viendo, que, para los pequeños de la generación alfa, los límites entre ellos mismos y la tecnología que les ha rodeado desde siempre, no están tan claros.

Siri ofrece vídeos de Peppa Piga como respuesta
Figura 2: “Siri, quiero un vídeo de Pepa Pig”,

Sue Shellenbarger, columnista del Wall Street Journal, advierte que “muchos niños piensan que los robots son más inteligentes que los humanos o les otorgan poderes mágicos”.

Un estudio llevado a cabo en 2018 sobre el juguete-robot Cozmo, un juguete diseñado para aparentar “tener alma”, mostraba cómo niños entre 4 y 10 años, pensaban que el juguete era “más inteligente” que ellos, e incluso que era capaz de tener sentimientos.

Figura 3: Robot Cozmo (fuente: amazon.com)
Figura 3: Robot Cozmo (fuente: amazon.com)

En la promoción del juguete, Boris Sofman, uno de los fundadores de Anki, la compañía que los fabrica, afirmaba: “Si no juegas con Cozmo por una semana, te sentirás como si no hubieras jugado con tu perrito por una semana”

¿Cómo no se van a sentir confundidos los pequeños, cuando sus juguetes están diseñados de esta forma?

Otros estudios muestran cómo niños entre 9 y 15 años se sentían  emocionalmente vinculados a robots de aspecto humano, y pensaban que “podían ser sus amigos”; o bien, cambiaban sus respuestas a preguntas tipo ”¿está bien pegar a otros niños?” según “la opinión” de su muñeca. “Mi muñeca dice que “está bien”.

La solución

Como para casi todas las cosas, la mejor forma de ayudar a los pequeños a definir límites entre la tecnología y la realidad pasa por la educación.

Investigadores del MIT están trabajando con niños de distintas edades para ver cómo podemos los adultos ayudarles a percibir la inteligencia artificial de forma correcta. Aunque parezca precipitado, y ciertamente lo es, cuatro años, son muy pocos, niños de esta edad ya eran capaces de comprender que, aunque el juguete les gane a un juego, no es más inteligente que ellos.

El curso de ética de la IA del MIT

Entre los 10 y 14 años, los niños empiezan a desarrollar pensamientos de alto nivel y lidiar con razonamientos morales complejos. Y también a esa edad, la mayoría disponen de telefónos inteligentes con todo tipo de aplicaciones basadas en IA.

El MIT ha desarrollado un curso de ética de la IA para niños, en el que les enseña cómo funcionan los algoritmos basados en IA, y cómo puede haber intenciones determinadas tras las respuestas. Por ejemplo aprenden por qué Instagram les muestra determinado anuncio, o reciben una información y no otra en su app de noticias.

También les retan a diseñar un “algoritmo” en forma de receta para el mejor bocadillo de mantequilla de cacahuete o juegan al bingo (AI Bingo). En definitiva, aprenden de un modo sencillo y divertido, que la tecnología, los robots, las computadoras… no son más que herramientas, rápidas, precisas, potentes, pero no hacen más que seguir los modelos, o los algoritmos con los que los hemos programado.

Algunos consejos sencillos para ir poniendo en práctica

Los adultos somos una referencia fundamental para los niños, especialmente los padres. Y, sin necesidad de hacer ningún curso del MIT (ni ellos ni nosotros), podemos ayudarles a comprender los límites de la IA con estos sencillos consejos propuestos por Sue Shellenbarger

  • No te refieras a los asistentes, robots, o juguetes basados en IA como si fueran personas
  • Intenta transmitirles una imagen positiva sobre los beneficios de la IA en general. Nos hacen la vida más fácil en muchos aspectos.
  • Despierta su curiosidad sobre cómo se diseñan y construyen los robots
  • Ayúdales a entender que la “fuente” de la inteligencia de los dispositivos basados en IA son los humanos
  • Plantéales aspectos éticos sobre el diseño de la IA con preguntas como: ¿Deberíamos construir robots que, (como intentamos enseñarles a ellos), sean corteses y pidan las cosas por favor, saluden, den las gracias etc?
  • Fomenta su espíritu crítico respecto a la información que reciben a través de estos juguetes o dispositivos inteligentes; al igual que la recibida de redes sociales e internet.
  • Ten mucho cuidado con los juguetes que se comercializan como el “mejor amigo” de un niño. Pueden llegar a crear dependencias no deseadas.

Y lo más importante, intenta rebatir, siempre que surjan, ideas tipo “las máquinas son superiores a los humanos”, “los robots acabarán con los humanos” etc, porque pueden resultar perjudiciales para las ingenuas mentes de los más pequeños.

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