Cloud, edge y fog computing… ¡y lo que nos queda por ver!

Manuel García Gil    18 octubre, 2017
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Tenemos cloud, edge y fog computing… ¿No era suficiente con la nube?, ¿por qué tenemos que buscar otros y más vaporosos paradigmas tecnológicos?

La realidad es que no solo lo necesitamos, sino que resulta imprescindible si queremos cumplir con las promesas que están en la mente de la gente con respecto a cloud, es decir, como dice el nuevo mantra: “Latency is the revenue killer” o, lo que es lo mismo, da igual tener una infraestructura virtual avanzadísima, súper flexible, adaptable… si los usuarios no llegan bien a ella. Si no hay un acceso rápido a dicho entorno es como no tener nada. Un ejemplo: si una web tarda más de un par de segundos (y son dos segundos literales) en cargarse, consideramos que hay un problema o que no funciona bien. Es decir, demandamos la inmediatez de esta experiencia. De la misma forma, si creamos una aplicación que depende de un backend, de un procesamiento de datos, de una infraestructura en suma, la latencia puede destruir la experiencia de uso o incluso la funcionalidad.

Las cloud hyperscale son muy chulas pero no están cerca o, al menos, lo suficientemente cerca como para que nuestro entorno cloud satisfaga las expectativas depositadas. En este sentido, ¿cuál es la solución?, ¿volver a nubes privadas?, ¿recorrer otra vez el mismo camino pero a la inversa? Realmente no. La solución consiste en continuar con nuestra estrategia de ir a la nube, pero teniendo en cuenta qué etapas intermedias de procesamiento pueden ayudarnos a mejorar la experiencia de usuario o la operativa del entorno en cuestión. Y es ahí donde edge cloud y fog cloud acuden en nuestra ayuda porque se trata, en suma, de acercar la computación a quien la vaya a usar, para mejorar el servicio a través de una capa intermedia transparente a la experiencia de usuario.

El concepto edge computing se basa en tener “una parte” de la gran nube a una menor distancia, a un par de “hops”, de forma que, por ejemplo, un contenido que se vaya a servir muchas veces esté cerca de los potenciales usuarios. Esto hace que además de ganar en rapidez, el propio hyperscale pueda emplear sus recursos de la manera más eficiente posible, ya que normalmente es este mismo proveedor cloud el que acerca sus recursos a los usuarios.

El concepto fog va más allá; este término lo acuñó Cisco en el contexto de IoT (Internet of Things), en un escenario en el que nuestra sociedad va camino de alcanzar una conexión masiva de elementos a Internet. Habitualmente serán conexiones de bajo ancho de banda y con poca transmisión de datos pero, eso sí, millones de conexiones. Por eso cobra sentido acercar la computación aún más allá del borde de la cloud y ponerla en el mismo entorno en el que se recopilan datos, de forma que la computación más elemental se pueda realizar in situ. Esto tiene varias ventajas, entre las que están la reducción del número de conexiones y la concentración de la información para procesarla para un mejor uso.

Cloud, edge y fog computing… ¿Éste es el panorama entonces?, ¿es lo que vamos a usar, os preguntaréis? Pues sí y no… Es lo que tenemos hoy y muy seguramente mañana, pero no debemos olvidar que cloud surge como resultado de la evolución de los sistemas TI, de la forma de usarlos y consumirlos y, en este sentido solo podemos esperar que los paradigmas tecnológicos sigan creciendo y transformándose. Está en su naturaleza hacerlo. A nosotros nos queda usar sabiamente “estos ladrillos” y construir con ellos a la medida de nuestras necesidades y objetivos de negocio.

Imagen: aaron_anderer

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