Cinco buenas razones por las que el juego ya domina nuestra cultura

Ángel González de la Fuente    30 enero, 2015

Cuando uno habla de juego la primera percepción de mucha gente es que es un género infantil, menor e inocente. A los jugadores de videojuegos, los gamers, en ocasiones se les considera inmaduros, propensos a la violencia y a la exclusión social. Ambas creencias son estereotipos extendidos e injustos. Pero, en general,es cierto que se considera a los juegos pasatiempos, cosas sin demasiada importancia y menor valor.

No se puede estar más equivocado.

Los juegos, apoyados en la tecnología actual, no es que no sean inocentes, es que son armas culturales de transformación masiva. ¿Cuesta creerlo? Vamos a verlo.

Estamos ya bien metidos en el siglo XXI y existe un cierto sentimiento social de fin de época. El mundo está cambiando y seguirá haciéndolo, y mucho. La revolución digital, la sociedad de la información, la globalización y la tecnología son algunos de los agentes vitales de ese proceso. Y también los juegos.

La razón es que normalmente en estos cambios sociales las corrientes culturales tienen una grandísima importancia. Pues bien, a día de hoy los juegos no sólo son el género cultural más influyente, sino que en términos generales es el principal dominador. En todos los ámbitos.

Se me ocurren cinco buenas razones:

  1. Los videojuegos son la principal industria cultural. En una época marcada por la economía, hay que decir que los videojuegos son ya, y desde hace tiempo, la principal industria cultural en facturación. El juego “Grand Theft Auto V” recaudó 800 millones de dólares sólo el día de su lanzamiento. “Candy Crush”es la app que más dinero ha generado en la historia. La edad media de los jugadores es de 38 años y el año pasado en EE.UU. ya hubo más mujeres jugadoras que hombres. No falta mucho para que la industria del juego facture más que el resto de industrias culturales juntas.
  2. Los juegos deportivos no es que dominen la cultura, es que dominan el mundo. Hablando de juegos, a menudo se olvida que la mayoría de los deportes son juegos. No se corre al fútbol, se juega al fútbol, y al baloncesto, y al ajedrez. Se necesita estrategia, experiencia, táctica, pensar, trabajar en equipo. Y además es un deporte. Y también un espectáculo. Nadie va a un estadio a ver cómo un futbolista bate el récord de velocidad de la Liga. Se va a ver ganar a tu equipo, del que te sientes partícipe y a ver cómo progresa, ya sea partido a partido, o con la pelota como forma de expresión, pero siempre compitiendo en equipo. Y no vamos a hablar de la importancia e influencia del fútbol (que también es cultura).
  3. Nada produce más discusión, pasión e interacción. Los juegos provocan pasiones. Desde el fútbol a los videojuegos. Por ejemplo, se hacen colas interminables para comprar el lanzamiento de la última versión de un juego especialmente bueno. Se llenan foros, chats, blogs, artículos, revistas, canales de YouTube, redes sociales, hilos de whatsapp y ferias con lo que pasa en los juegos, sobre los mismos o lo que gira alrededor de ellos. El nivel de compromiso que desarrollan es increíble. Ningún otro producto cultural se le acerca. Un dato: ya hay plataformas de vídeo en streaming para seguir partidas on line.Una de ellas (Twitch) fue adquirida en 2014 por Amazon por más de 700 millones de dólares.
  4. Jugar es un proceso proactivo, intenso y duradero. Cuando uno ve un buen partido de fútbol, noventa minutos se convierten en mucho más que noventa minutos. Lo mismo pasa con los videojuegos. El Candy Crush es igual de adictivo que pinchar plásticos de burbujas, se te van las horas y se cuentan los minutos hasta que se puede continuar. Cuando jugamos, hay que interactuar, ser activo, estar involucrado, participar, decidir. Si el juego es bueno, se pueden vivir momentos mágicos. (¿Por qué creéis que la gente juega a videojuegos, porque son unos friquis?).
  5. El potencial transformador de los juegos es inmenso. El juego siempre ha estado asociado al aprendizaje. Pero hoy en día la tecnología lo está llevando a unas cotas impensables. Para empezar, hay juegos prácticamente de todo (desde simuladores de operaciones a arte abstracto, de historia antigua a procesos matemáticos para desentrañar ADN). La tecnología permite integrar interacción en casi cualquier contexto y la realidad virtual no está muy lejos. Además, el género específico de los videojuegos incorpora al conjunto del resto de las artes, desde la narrativa, la plástica, las artes escénicas, visuales, musicales, etc. en un ámbito en el que la participación es obligada. Y no hablemos de la “gamificación”.

El juego ya domina de forma decisiva la cultura contemporánea. La razón es que los juegos están influyendo, mucho y de forma decisiva en la gente. Cada vez se consume más juego, durante más tiempo, con más intensidad y en entornos que no son exclusivamente el ocio. Por ejemplo, en la formación.

Es hora de que como sociedad los empecemos a tomar en serio.

Imagen: ARSGAMES Fotos

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