La era digital ha desdibujado la frontera entre ciencia ficción y tecnología

Félix Hernández    8 abril, 2016

Larry Page y Sergey Brin fundaron Google en 1998. El mismo año se estrenaba Matrix, dirigida e ideada por las hermanas Wachowski, e inspirada en la visionaria obra de Gibson, “Neuromante“. Por entonces yo acababa de terminar mi ingeniería y remataba un proyecto de agentes inteligentes: mi idealismo y pasión por la tecnología y la ciencia ficción eran una mezcla fiera de noches en blanco, leyendo y devorando pelis. Fue mi tiempo de 2001, Akira, Blade Runner, Desafío Total… y creo que hasta entonces la ciencia ficción había tenido sus líneas bien dibujadas con escritores como Julio Verne, H.G. Wells, Isaac Asimov, Arthur C. Clarke, Philip K. Dick, Carl Sagan. Estaba clara cuál era la diferencia entre ciencia ficción y tecnología, pues compartían una frontera que producía pánico y pasión a los científicos y creadores. Hoy, sin embargo, las cosas son bien distintas… y quizá Google y Matrix jugaron en aquel momento su papel iniciático al inaugurar esta nueva época digital, en la que se fusiona y hace realidad aquello que treinta años atrás tan sólo soñábamos.

En este sentido, el pasado 1 de marzo tuve ocasión de asistir en la flagship de Telefónica a un evento realmente interesante, en el que la tecnología y la ciencia ficción latieron al compás: xSpain Satellites.

Allí se habló de muchos temas, pero subrayo los relativos a la mente, la memoria o el nivel de computación. Javier Sirvent nos hizo una aproximación al año 2045, cuando se producirá la famosa singularidad de Kurzweil, y el nivel de computación de las máquinas superará, Dios mediante, al del ser humano. ¡Y yo tendré 72 años!

Buena reflexión que se arroja de lo anterior: entonces cumpliremos con facilidad cien años y los implantes biónicos nos harán cada día más robots y los robots tendrán finalmente intuición y sentimientos… ¿dónde se encuentra el punto de convergencia entre ambos mundos? ¿En qué año del s. XXI nacerá el primer ser inteligente e “híbrido”?

Andrés Contreras, el segundo ponente de la tarde, recalcó que lo digital es por naturaleza exponencial y nos invitó a pensar por tanto “a lo grande”, algo que la educación debe ayudarnos a hacer desde muy pequeñitos (y claro, habló de los perfiles STEM). Mencionó el siempre interesante ejemplo de la Singularity University, que persigue educar en “tecnologías exponenciales”, y que mi compañera de transformación digital de Telefónica, Mosiri Cabezas, incorpora siempre con orgullo en sus charlas. Nos habló de inteligencia artificial y de máquinas emocionales, de Turing y de Minsky. Ahora recuerdo que los científicos de Google han conseguido recientemente que AlphaGo venza al gran campeón Lee Se-dol. Lo realmente potente del juego es que los algoritmos utilizados permiten emular en cierta medida nuestra intuición. Apunten lo siguiente: ya empezamos a movernos por el terreno proceloso del pensamiento sintético, de la autoconsciencia. Nunca ha habido un momento en la historia en el que la tecnología fuese un factor tan igualador. Y quizá ahora las máquinas sean un poco ciudadanos y deban adquirir nuevos derechos. O tal vez los datos de nuestra mente -que juegan un papel tan principal- puedan “volcarse” en la nube, o quizá ampliar nuestra biología para hacernos inmortales.

Por suerte las conferencias finalizaron con Felipe García-Bañón, y hablamos de arte, lo que nos ayudó a trascender al escenario anterior y nos hizo ver la importancia de “ser únicos”, y que la creatividad y la intangibilidad del ser humano son aspectos irrepetibles. Creo infinitamente en el poder de la tecnología, pero se me hace complicado imaginar a Picasso, a Cervantes o cualquier genio siendo… solamente máquinas inteligentes. El hombre del futuro será un ser a medio camino entre el silicio, el computador cuántico y la carne. Irá cargado de las herramientas más sofisticadas que podamos imaginar, tendrá un baúl digital inabarcable que aliviará sus pesares y limitaciones cognitivas pero, no obstante, llevará consigo todo el barrunto cultural y, lo más importante, su corazón humano, débil, confuso y escurridizo, y algo tan difícil de definir como un alma contingente, sea lo que sea esto. Cuando la tecnología y la ciencia ficción se den finalmente la mano, nuestra naturaleza humana brillará aún más.

¡Gracias xSpain por aquella tarde maravillosa!

Imagen: GLAS-8

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