En busca de diez “centacornios” tecnológicos europeos

Cristóbal Corredor Ardoy    12 abril, 2022
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-Creí siempre que los unicornios eran unos monstruos fabulosos. ¡Nunca había visto uno de verdad!

-Bueno, pues ahora que los dos nos hemos visto el uno al otro -repuso el unicornio- si tú crees en mí, yo creeré en ti, ¿trato hecho? (Alicia a través del espejo, Lewis Carroll, 1872).

Europa es como Alicia y los unicornios son empresas cuyo valor supera el billón de dólares. Los centacornios tecnológicos europeos son clave para el ecosistema.

El problema del tamaño

Según el último informe de Atómico, a finales de 2021 el número de unicornios tecnológicos europeos era de 321. Sin embargo, tan solo contaba con 26 startups de la especie del decacornio (compañías valoradas en más de 10.000 millones de dólares). Y aún no dispone de ningún ejemplar de super unicornio (más de 100.000 millones de dólares de valoración), ese ser mitológico al que he llamado “centacornio”.

El tamaño de las empresas tecnológicas europeas sigue siendo bastante pequeño en comparación con sus homologas estadounidenses y asiáticas. Para solventarlo surge el objetivo de crear diez centacornios en el reino europeo de las maravillas tecnológicas. Estos seres fantásticos se alimentan con la financiación y, para nutrirlos, se ha lanzado un fondo de inversión valorado en 1.000 millones de euros. Una financiación que parece bastante modesta para dar de comer a unos seres tan maravillosos.

Semiconductores, la savia necesaria

En la eterna búsqueda del centacornio, Europa ha puesto su punto de mira en el mercado de los microprocesadores. Los semiconductores son como la sangre que fluye por nuestras venas – están presentes en todos los elementos de nuestra vida: el teléfono, el coche, el frigorífico, la lavadora, los equipos hospitalarios, Internet, la red eléctrica, etc.

En 2020 se fabricó un billón de microprocesadores en todo el mundo, de los que Europa solo aportó el 10 por ciento Para mejorar nuestra posición en este mercado tan estratégico, Europa se ha propuesto multiplicar por dos la producción hasta alcanzar el 20 por ciento de la cuota de mercado global en 2030. Con este objetivo, invertirá 45.000 millones de euros para crear un nuevo ecosistema europeo en torno al mercado de los semiconductores.

Un PERTE sobre microchips y semiconductores en España

Y la apuesta europea también acaba de aterrizar en España mediante el Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE) que, con 11.000 millones de euros de inversión pública proveniente de fondos europeos, impulsará el mercado de los microprocesadores en nuestro país.

No obstante, a pesar de estas buenas noticias, aún parece bastante difícil crear centacornios tecnológicos europeos. Quizá la solución pase por atraerlos desde otras regiones. Un ejemplo de esta estrategia es la apuesta de la empresa americana Intel. Intel ha anunciado que invertirá 33.000 millones de euros en Europa para fabricar semiconductores en Alemania, Irlanda, Italia y Francia. Se trata de la primera fase de un proyecto más ambicioso que, con un total de 80.000 millones de euros, pretende reforzar el papel de Europa en el mercado de los semiconductores durante la próxima década. La idea es buena, pero en este caso seguirá alimentando nuestra dependencia tecnológica de Estados Unidos.

La regulación, clave

Para ganar tiempo quizá también deberíamos frenar a los centacornios estadounidenses y asiáticos mediante la regulación. Con este propósito, Europa ha aprobado recientemente una nueva ley para los mercados digitales (DMA, Digital Markets Act). Centacornios americanos como Google, Amazon, Apple, Meta y Microsoft, y asiáticos, como Alibaba, tendrán que velar por el respeto de esta nueva normativa para no enfrentarse a elevadas multas que podrían alcanzar hasta el 20 por ciento de su facturación.

¿No sería inimaginable hoy en día que no pudiésemos realizar una llamada a un móvil de un operador distinto al nuestro? Pues bien, según la nueva regulación europea, de la misma forma, WhatsApp y Facebook Messenger deberían permitir la interoperabilidad con otros servicios de mensajería. De la misma manera en que Microsoft tuvo que abrir su sistema operativo a otros navegadores, Android tendría que ofrecer alternativas a Chrome, instalado por defecto en los terminales. Los usuarios de iPhone deberían ser capaces de desinstalar el navegador Safari. Y Apple y Google se verían obligadas a abrir sus ecosistemas de aplicaciones App Store y Google Play a otros medios de pago. Telefónica lleva mucho ya reclamando nuevas reglas para un nuevo mundo.

En definitiva, bien sea a través de la creación de centacornios, de la atracción de estos desde otras regiones o a través de la regulación, parece que Europa quiere despertar de su letargo tecnológico. ¿Estaremos aún a tiempo de recuperar el terreno perdido?

Imagen: Luis Sánchez Molina

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