De Ana Karenina, startups y fracaso

Paloma Castellano    8 octubre, 2020
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“Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada“.

Ésta es la frase con la que Tolstoi empieza “Ana Karenina”. Con dos simples líneas, refleja la dificultad de alcanzar y mantener un estado de felicidad. Son tantos los factores necesarios que las familias que lo logran tienen más en común que aquéllas que fracasan en el proceso, ya que hay infinitas piedras en el camino.

El “principio de Ana Karenina”

Jared Diamond, en su libro  “Armas, gérmenes y acero”, popularizó el “principio de Ana Karenina” para describir eventos en los que son tantos los factores necesarios para el éxito que cualquier mínimo error los condena al fracaso.

Este principio aplicado a las startups vendría a decir algo como esto: “Todas las startups con éxito se parecen unas a otras pero cada startup que fracasa tiene su propio motivo para no haber alcanzado el triunfo”.

Una de las preguntas recurrentes que nos hacen a todos los que estamos relacionados con el ecosistema de startups es: “¿Por qué fracasa una startup, cuáles son las causas más comunes?”. Y, como ya dijo Tolstoi y repitió Diamond, creo que la pregunta debería ser la contraria, ya que comparten más cosas entre sí las startups que triunfan que las que fracasan.

Características que comparten las startups con éxito

Después de haber invertido y trabajado de forma directa con más de 80 startups en Wayra Madrid y tras haber conocido de forma cercana a un par de centenares, me arriesgo a lanzar mi propia lista con las principales características que comparten las startups con éxito.

Soñar grande, pero conservar la humildad

Es importante tener la ambición de enfrentarse a un problema lo suficientemente grande. Pero también conservar la humildad necesaria para aprender: del mercado, de los compañeros de viaje, de la competencia… La autocrítica, que es perfectamente compatible con la ambición, en el camino de las startups con éxito.

Una de las personas de las que más he aprendido esto es Santiago Lagier, fundador y CEO de Brandtrack. Su mantra es “Go big or go home”. A mí me gusta traducirlo como el castizo “Aquí hemos venido a jugar”. Cuando Santiago contactó con Wayra, Brandtrack ya era una empresa líder de marketing ambiental en la que había invertido el fondo 500 Startups.

Tenían un negocio líder de marketing en Latinoamérica pero Santiago pensó en nosotros como su partner para crecer también en Europa. Gracias a su experiencia como DJ, habían creado un algoritmo capaz de ayudar a seleccionar la música más adecuada para cada tipo de local: tiendas, restaurantes, cafeterías, estaciones…

Desde Wayra los acompañamos durante sus primeras etapas en España y Europa. Y, aunque por política de fondo, ya desinvertimos hace unos años con un múltiplo interesante, Brandtrack sigue creciendo y no tengo duda de que seguirá haciéndolo. Conservamos una relación excelente con Santiago, quien nos ayuda “mentorizando” a otras empresas. Inclus hay quien dice que lo ha visto alguna vez pinchando en alguno de los eventos del ecosistema…

Ser optimista

Todos los emprendedores con éxito que conozco son personas extremadamente optimistas.

El optimismo es un sesgo cognitivo que describe Kahneman mejor que nadie en su libro “Pensar deprisa, pensar despacio”.  Es una bendición de sesgo -explica el psicólogo- pero también conlleva sus riesgos porque distorsiona la percepción de la realidad. En muchas ocasiones la distancia entre una visión optimista de la realidad y un delirio es demasiado corta.

En el caso de los emprendedores, el optimismo y la autoconfianza están por encima de la media. Eso explica la capacidad de asumir riesgos y la perseverancia extremas.  El caso de Voicemod es uno de los mejores ejemplos. Antes de tener el éxito del que ahora disfrutan, Jaime, Juan y Fernando Bosch estuvieron sin cobrar durante un año y probaron muchas cosas:  intentaron diferentes modelos de comercialización, negociaron rondas de inversión que no salieron… Pero siguieron insistiendo porque creían en su producto. Ahora son los líderes en su sector, con millones de usuarios en todo el mundo.

Cómo afrontan las startups con éxito el riesgo

Me encanta esta anécdota que Kahneman cuenta en su libro y define perfectamente cómo afrontan los emprendedores el riesgo:

“[…] Nos encontramos con un hotel atractivo pero vacío en una carretera poco transitada en medio de un bosque. Pertenecía a una joven pareja que había invertido todos sus ahorros en comprarlo. Había sido construido hacía ya doce años y nos contaron, inconscientemente y sin ninguna ironía, que lo habían adquirido barato porque “seis o siete propietarios anteriores habían fracasado en hacerlo rentable”. No sintieron la necesidad de contarnos por qué esperaban tener éxito donde seis o siete antes que ellos no lo lograron […]”

Compañeros de viaje

Elegir a los mejores compañeros de viaje en cada momento es crítico y, a mi juicio, donde un mayor número de cosas puede salir mal. Todas las empresas que he visto crecer tenían el equipo adecuado en cada momento. Han sabido incorporar el talento necesario cuando debían hacerlo e incluso los fundadores o fundadoras se han sabido echar a un lado cuando ha tocado. Han construido la cultura para atraer y retener al mejor talento.

Pero los empleados no son los únicos compañeros de viaje. Para una empresa en crecimiento también lo son los inversores. Las startups con éxito han elegido a los inversores más adecuados para ellas y han sabido sacarles el mayor provecho.

Errores infinitos o una buena gestión

En lo que a compañeros de viaje se refiere, los errores pueden ser infinitos: desde un pacto de socios mal regulado (o inexistente) hasta una mala gestión del consejo de administración. He visto agonizar a una startup por un solo empleado tóxico, por objetivos mal alineados entre los fundadores, por luchas de egos, por no contratar a tiempo (y por lo contrario)…

El de Smart Protection es un ejemplo de buena gestión. Sus dos socios fundadores, Javier Capilla y Manuel Moregal, comenzaron solos (3Ants en aquel momento). Invertimos en ellos en su primera ronda. Tenían ya un producto con algunos clientes muy relevantes en España y que había sido reconocido por Google como miembro del selecto club Google Trusted Copyright Removal. A pesar de todo, el primer año no fue un camino de rosas. Escalar un B2B no es trivial y su producto necesitaba aún mucha inversión, que ellos suplían con jornadas de trabajo interminables, su vida giraba alrededor de la empresa. Durante ese año, conquistaron a clientes como la propia Telefónica, uno de los mayores productores de TV (si no el mayor) en lengua española. Y ahí llegó su ronda semilla.

Con la entrada de más inversores institucionales (JME, Bankinter y Big Sur), Capilla y Moregal decidieron que era el momento de acelerar aún más y profesionalizar más rápidamente la compañía. Se incorporó Javier Perea como socio “refundador” y CEO. Entre los tres, han incorporado a más socios inversores a la compañía (Nauta) y han construido una de las compañías líderes de protección de activos digitales, que ha ido reforzándose hasta constituir un negocio de millones de euros.

La cultura corporativa de las startups con éxito

Los consejos de administración de esta compañía son de los mejores en los que he tenido el gusto de participar, gracias a los miembros que lo componen, pero especialmente al CEO, Javier, que consigue siempre lo mejor de cada persona en cada interacción.   

La cultura de la empresa la conforman las personas que la componen, sus relaciones internas y externas. Todas las startups que conozco muestran algunos de los rasgos de la personalidad de sus fundadores. Por ejemplo, en SmartProtection, se fomenta la interacción y el diálogo entre los empleados sin importar la jerarquía. Todos los directivos tienen un par de horas a la semana bloqueadas en su agenda para almorzar con cualquier empleado que se lo solicite.

Hay millones de ejemplos, buenos y malos, alrededor de culturas corporativas, así que no me extenderé. Sí me gustaría resaltar que los emprendedores de éxito que conozco son extraordinarios generando y cuidando relaciones de confianza. Y eso lo han trasladado a sus equipos.

La suerte

Para finalizar,  para mí  el más importante (y polémico) factor que comparten todas las empresas con éxito es la suerte. La creación de una empresa no es un proceso determinista, hay gran parte de azar en el camino. Todas las empresas con éxito que conozco han experimentado la suerte de una u otra forma.

Nuestra vida es una concatenación de eventos, la mayoría de ellos son puro azar. Suerte puede ser el momento de mercado. O el entorno en el que cada uno nos hemos criado, nuestras relaciones previas. Suerte puedo ser también llegar a un fondo cuando al  asociado se le había caído su inversión previa y necesitaba encontrar otra que presentar a un comité… Las casualidades existen y, lo que es peor, se encadenan, para bien o para mal.

Eduardo Manchón lo cuenta muy bien en este hilo. Me gustan también mucho las reflexiones de Miguel Arias sobre cómo intentar aprovechar el buen viento de cola o capear la tormenta cuando vienen mal dadas. Y, para completar la polémica y que cada uno pueda formarse su propia opinión, también es bueno leer a Miguel Díez Ferreira, quien defiende con vehemencia que la suerte apenas influye en el destino de una empresa en este artículo.

Este 2020 nos está mostrando a todos que Dios sí juega a los dados. Que los eventos raros ocurren raramente pero suceden.

No hay nada que garantice el éxito en la vida, pero si has llegado hasta aquí, solo me queda resumir todo lo dicho en un “ten fe en ti mismo, cuida tus relaciones y aprovecha el viento de cola”. La suerte no te la puedo garantizar pero creo que, al menos, serás más feliz.

Si se os ocurren más factores que sumar a mi lista de características en común de las startups con éxito ¡os animo a que me ayudéis a completarla!

Imagen: OTA Photos

Comentarios

  1. Top Paloma, aparte de que te aprecio mucho, me ha gustado mucho, me quedo con ideas, y últimamente leer algo y que te quedes con una idea, no sucede siempre!!!

    Chapeauuuuuuuuu!!!

    Fran

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