El cambio continuo, lo único que va a ser ya siempre así

Mercedes Núñez    13 enero, 2017

Vientos de transformación digital sacuden todos los sectores; las variables espacio temporales tampoco se perciben ya igual con el imperativo del “aquí y ahora”, la realidad es mixta (entre virtual y aumentada)… Incluso las unidades de medida -precisamente cuando más se insiste en medirlo todo- están cambiando. Así, terminamos 2016 con “nuevos y mejorados segundos” y la advertencia de que pronto un kilo dejará de ser un kilo tal y como lo conocemos.

Y es que, aunque cada vez que un año llega a su fin se suceden los balances y también las previsiones para el nuevo, yo me quedo con una única predicción de cumplimiento seguro: el cambio como estado continuo, porque es lo único que va a ser ya siempre así. Y entenderlo y adaptarnos nos hace evolucionados. Hay que abrir la mente y no descartar, por ejemplo, la colonización de Marte, como escribía recientemente Ignacio, o noticias, como la de esta misma semana, sobre una nueva teoría que contradice lo que sabíamos sobre el origen de la Luna.

Lo de las certezas absolutas no se lleva y es más importante hacerse la pregunta indicada que ejercer de Petete de turno así que desaprendamos y aprendamos de nuevo de manera innovadora. Y pondré algunos ejemplos:

Puede que la pasada nochevieja se os hiciera eterna (por la rancia y soporífera programación de la tele también) pero es que tuvo un segundo más. Resulta que el segundo (y también el metro) han sido “redefinidos”: dado que la Tierra no gira siempre a la misma velocidad, los días no duran exactamente lo mismo, así que de vez en cuando el Servicio Internacional de Rotación de la Tierra decide añadir un segundo extra para acompasar los relojes con el ritmo de rotación de nuestro planeta.

Pues bien, ahora los científicos que estudian los sistemas de pesos y medidas se están preparando para cambiar el kilo en 2018. Eso sí, no cabe la excusa de esperar a ver cómo queda para quitarse de encima el peso que se ha cogido en estas fiestas porque no afectará de forma evidente a lo que vemos en la báscula del baño. Pero sí tendrá repercusiones en la investigación científica, la producción de medicamentos o de nuevos materiales, en las expediciones espaciales y en muchas otras cuestiones en las que unos miligramos más o menos son importantes.

El amperio, el mol, el kelvin y la candela también están pendientes de actualización.

Más cosas: los que estudiamos EGB ya vimos más tarde la reunificación alemana, la disolución de la Unión Soviética y la independencia de las Repúblicas bálticas… 2016 también nos obliga a repasar la tabla periódica: Nihonio, Moscovio, Téneso y Oganesón son las últimas incorporaciones.

Y el célebre “montañas más altas han caído”, aunque de forma metafórica, se ha hecho realidad porque el volcán Chimborazo, en Ecuador, se ha confirmado como el punto más elevado del planeta si se considera la distancia que lo separa desde el centro de la Tierra, 2.000 metros por encima del Everest.

¡Si hasta se ha puesto en entredicho la mismísima teoría de la relatividad de Einstein, con todo lo que conlleva, como la posibilidad de viajar en el tiempo!

En fin, que hubo otras épocas en las que la gente se anclaba a certezas absolutas porque eso les generaba tranquilidad pero corren otros tiempos y se acabó la seguridad de pisar tierra firme, lo que toca es surfear  y descender aguas bravas

Y si finalmente alcanzamos la eternidad o terminamos en la “biblioteca de almas” de Michio Kaku  -yo ya no descarto nada- , si 2016 nos ha sacado de nuestra zona de confort un poquito, imaginad lo que será ad infinitum

Imagen: Eddi van W.

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