Bluetooth para IoT, mucho más que tecnología de manos libres

María Cascajo Sastre    9 febrero, 2016

Hace unos meses publicamos un whitepaper sobre los cambios disruptivos que estaban transformando el panorama de la conectividad. El documento destacaba el papel primordial reservado a las redes de banda estrecha, bajo consumo y área extendida, conocidas como redes LPWA. Mientras las diferentes opciones de tecnología de radiofrecuencia llegan al mercado y alcanzan su madurez tecnológica, algunas tecnologías de conectividad de aplicación limitada que parecían en declive o destinadas a desaparecer, están recibiendo ahora un inesperado soplo de aliento y una nuevo propósito. El 2G o la tecnología Bluetooth son dos ejemplos excelentes de tecnologías reorientadas. Hoy hablaremos de la segunda.

Bluetooth es un protocolo de comunicación inalámbrico desarrollado originalmente por Ericsson que opera sobre frecuencia sin licencia. Se concibió para Redes de Uso Personal (PAN) con el propósito de transferir datos de manera inalámbrica. Sin embargo, presenta limitaciones intrínsecas de diseño: requiere emparejar los dispositivos en conexión (normalmente mediante un proceso manual de configuración), su consumo de energía es elevado (no está optimizado para dispositivo que funcionen a pilas), y su alcance no suele superar el de la habitación donde se encuentren los dispositivos. Nokia desarrolló una nueva evolución del estándar Bluetooth para superar estas limitaciones llamado Bluetooth Low-Energy (BLE o Bluetooth LE), que ahora forma parte de la configuración de todos los smartphones y dispositivos de última generación como smartwatches, pulseras conectadas (health bands) y dispositivos similares.

Los dispositivos Bluetooth LE consumen muy poca energíay pueden funcionar con baterías hasta 2 años seguidos. Al margen del mercado de wearables y dispositivos personales, uno de los usos con más recorrido son los beacons con tecnología BLE. Toman su nombre de la manera en la que se denominan los faros en inglés porque funcionan de manera parecida: suelen situarse en localizaciones fijas desde donde informan de su presencia en un radio de unos 70 metros a la redonda y proporcionan información variada sobre temperatura, movimiento o sonido, por ilustrar tres posibles usos.

Un caso de uso típico es distribuirlos de manera estratégica dentro de las Smart Cities para que los beacons estáticos provean de información variada a elementos en movimiento, aunque un beacon no tiene por qué estar estático ni los receptores tienen por qué estar en movimiento. Las posibilidades de uso van desde lectores de Smart Meters hasta la conectividad de los Connected Cars, pasando por el clásico punto de información dentro de las Smart Cities.

Si miramos hacia el futuro, el Grupo Especial de Interés de Bluetooth (SIG) publicó recientemente el “Roadmap Tecnológico 2016” con una descripción de las funcionalidades que ha de tener el nuevo Bluetooth Smart, diseñado específicamente para Internet de las Cosas. Entre las más interesantes está su alcance, que -cuadruplica el de BLE-, una mayor robustez en usos tanto de interior como de exterior y un incremento en la velocidad del 100% sin afectar al consumo de energía con una receptividad mejorada y latencia baja. Los dispositivos Bluetooth Smart futuros podrán crear redes que conecten un hogar, un edificio o una fábrica completa, abriendo nuevos usos para la tecnología.

Puedes leer más sobre el Bluetooth LE actual y otras tecnologías de conectividad disruptivas en nuestro whitepaper “The response of the CSPs to the IoT burst” publicado hace unos meses. El documento proporciona una visión muy completa del estado del panorama IoT actual que ayuda a entender este complejo ecosistema de empresas relevantes y tecnologías (tanto en uso como emergentes).

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