He visto caer la aguja de Notre Dame…

Mercedes Núñez    31 julio, 2019
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“He visto la aguja de Notre Dame cayendo… atacar naves en llamas más allá de Orión, atascos en la cima del mundo y taxis voladores en Nueva York. También rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser y redefinir el concepto de muerte. Sí, estoy mezclando cosas…. Blade Runner y nuestro mundo.

La idea surgió el pasado 15 de abril al leer “Yo vi la aguja de Notre Dame cayendo…” en el blog de mi amigo Félix “El otero de la lechuza”, con motivo del incendio de la catedral parisina que nos dejó a todos el corazón encogido. La rotundidad de su frase me trajo a la cabeza la escena final de la mítica “Blade Runner” y la reflexión, al margen de ese suceso, de que cada vez más rápido estamos asistiendo, entre atónitos e incrédulos, a realidades que nos descolocan. La tercera teoría de Arthur C. Clarke está de rabiosa actualidad.

La semana pasada precisamente nos dejaba Rutger Hauer, el actor holandés que encarnó al replicante rebelde Roy Batty en la obra maestra de Ridley Scott y a quien siempre recordaremos, con voz de Constantino Romero, por uno de los monólogos más famosos de la historia del cine que, por lo visto, el propio Hauer modificó la noche antes de grabarlo.

A las naves en llamas más allá de Orión o los rayos C brillando en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser se suma ahora que el hombre llegará a Marte en la década de 2030 según dijeron el otro día en el telediario. Y, por otro lado, la certeza de que “Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia…” podemos ponerla ya en duda ante la posibilidad de llevar nuestros recuerdos a cloud.

Blade Runner y nuestro mundo

Lo que sigue inalterable es el debate filosófico que la película plantea sobre la identidad del ser humano y el control del destino. Hoy urge una lucha por crear el mundo que queremos. Ya lo comentábamos en este blog: “nunca había sido tan difícil anticipar el futuro, ni tan necesario intentarlo”.

Vemos noticias de “hombres aviones”, guerras en el ciberespacio en las que se combate con ayuda de la inteligencia artificial, un país entero hackeado o la secuenciación completa de nuestro genoma por menos de 2000 euros. Convivimos con cíborgs (Neil Harbisson), recientemente el androide Michihito Matsuda quedaba tercero en las elecciones municipales de un distrito de Tokio y las vacas son ordeñadas por robots en una granja flotante

Un túnel bajo el Támesis, submarinos compartidos…, Blade runner” cada vez nos parece más cercana porque crece la conciencia de que la posibilidad de un mundo mejor o peor está en nuestras manos.  

A veces me cuesta pero me quedo con la certeza del ser humano como el robot perfecto. Como explica el estupendo vídeo de Telefónica “Queridos humanos”, la tecnología no ha llegado para arrebatarnos la dignidad sino para potenciar capacidades, romper barreras y distancias. “Somos humanos, tenemos emociones y por eso somos soñadores, profetas y visionarios”, capaces, en definitiva, de crear la nueva ciencia ficción que nos ayude a entender el mundo que viene.

Esto es así hasta el punto de que esta semana se publicaba que la Agencia de Innovación para la Defensa de Francia ha anunciado la creación del “Equipo Rojo”, una especie de comisión “con cuatro o cinco escritores” dedicados a concebir múltiples escenarios -por muy locos que parezcan- para repensar, a partir de ellos, posibles estrategias de defensa.

Antes de poner la literatura al servicio de los planes militares, probemos a soñar un mundo mejor con ayuda de la tecnología. Es hora de reconectar con ella de la manera correcta, ¡felices vacaciones!

Imagen: Bill Lile

Comentarios

  1. Un día nos levantaremos con un notición. Unas emanaciones de gas han matado a cienmil personas…doscientas mil…medio millon de personas…y no habrá sido en africa, ni en asia, será aqui cerquita..en europa.
    Y todo debido al cambio climatico.Ese día sí que se nos va a encoger el corazón a su expresión mínima.
    Y hay dos formas, yo diría que tres de evitarlo. Una, la divulgación. Dos, la acción. (Plantando un arbol en un rincon mas o menos lejano de nosotros cada fin de semana). Y tres ambas.
    Saludos

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