¿Dónde se aloja el big data imperial: cloud o supernova?

Pablo Ortega Bofill    12 noviembre, 2015

En mi post anterior,La Guerra de las Galaxias: el sueño de un proveedor TIC en seguridad” contaba lo difícil que le resultó a George Lucas escribir el guion de la saga de ciencia ficción más famosa de nuestra generación. Dirigirla fue otro calvario. El indudable talento como contador de historias del estadounidense no se correspondía, sin embargo, con su faceta de director. De carácter introvertido y algo arisco, decía Harrison Ford de él que las únicas instrucciones que daba a los actores para que mejoraran una determinada escena eran: “Do it faster, more intense” algo así como: “Más rápido, con más intensidad”.

Otro ejemplo de las dificultades que sufrió George Lucas fue el rodaje de algunas escenas interiores de la Estrella de la Muerte en los estudios Elstree, cerca de Londres. Lucas, formado en el cine independiente y acostumbrado a hacerlo todo él, entraba en conflicto con el veterano director de fotografía Gilbert Taylor cuando intentaba colocar personalmente cada cámara, con el enfoque y ángulo que tenía en la cabeza para cada escena. “Just tell me what you want to see, and I’ll take care of the rest”, (“Dime solo qué quieres ver y yo me ocuparé del resto”) decía un Taylor bastante irritado por sentirse tratado como alguien sin experiencia. En fin, hay cientos de ejemplos de los avatares que sufrió la película antes de estrenarse.

Pero volvamos a las necesidades TIC de Darth Vader. Ya vimos cómo el Imperio estaba poco protegido frente a vulnerabilidades y suplantación de identidades. Hoy quiero centrarme en el resto de su infraestructura TI. ¿Cómo diablos se gestionaba la Flota Imperial? ¿Y su estación de combate? ¿Dónde alojaban sus aplicaciones de hipervelocidad? ¿Disponían de un mega CDG? ¿Era Tier IX, X? ¿Alguien les ha contado el Gigabig data? Como una imagen vale más que mil palabras, ahí van dos ejemplos muy visuales de a lo que me refiero:

El primero es la nave flagship de la flota imperial comandada por Darth Vader, un súper destructor de color negro con forma de punta de flecha alargada denominado Acorazado Estelar Ejecutor . Con 19 km de eslora, consigue una aceleración máxima de 1.230 G y una velocidad de crucero de 40 Megaluces por hora. Dispone, además, de más de 5.000 piezas de artillería láser operadas por 1.590 artilleros y su tripulación es de 279.144 pasajeros, entre los que se incluyen 38.000 soldados de tropas de asalto. Tiene una carga máxima de 2.500.000 toneladas, y una autonomía de vuelo sin repostaje de seis años.

Pedazo de cacharro comparado, por ejemplo, con el Antonov An-225, la mayor nave de nuestro mundo real, que soporta un peso máximo de despegue de 640 toneladas, tiene una longitud de 80 metros y una autonomía de catorce horas.

El CPD principal de dicha nave, como el del resto de destructores de la flota imperial y de casi todas las naves de la época, tenía que realizar en pocos segundos los cálculos de coordenadas del destino, procesando cientos de miles de millones de datos para llevar la nave de un extremo al otro de la galaxia a la velocidad de la luz. Esos datos se transmitían a través de redes de telecomunicaciones con caudales y accesos 1000G capaces de enviar datos de miles de Petabytes/segundo.

El segundo ejemplo es, cómo no, la segunda Estrella de la Muerte, diseñada y ensamblada por su Departamento Imperial de Desarrollo Militar, una especie de I+D maligno, la estación de combate Tipo II es una esfera volante de 900 kilómetros de diámetro frente a los 160 km de la original, destruída por Luke en el Episodio VI. La fortaleza volante está fabricada con una aleación metálica ligerísima de aluminio, tungsteno y hothnio, un mineral poroso de peso específico negativo y extraordinaria resistencia que se extrae del famoso planeta helado que le da nombre. La estación esférica contaba, además, con el reflector parabólico de superrayo láser, responsable de la destrucción del planeta Alderaan, con 30.000 baterías turboláser y 12.000 cañones de iones. Su volumen de más de 300.000 billones de metros cúbicos – compárense con el edificio de mayor volumen actual, la nave de ensamblaje de los 767 y 777 de Boeing en Everett (EE. UU.) de “sólo” 13 millones de metros cúbicos.

¿Os imagináis el tamaño de los Centros de Gestión de Datos necesario para alojar todos los hiper-servidores que alimentan y dan inteligencia operativa estas gigantescas piezas de hardware? Seguro que muchas de sus máquinas las tienen on premise, dada la gran cantidad de espacio de almacenamiento disponible, pero imagino que los equipos redundados los tienen distribuidos por toda la galaxia en lo que llaman sistemas planetarios Deep Beta Log, mundos virtualizados ocultos en el interior de agujeros negros. Además, las aplicaciones de análisis de datos que requieren para manejar todo el rastro digital que dejan estos enormes armatostes ocupan varios planetas enteros distribuidos en forma de malla por la galaxia en una red que desde hace siglos no se denomina WAN sino PAN (Planet Access Network).

Por cierto, hace unos años, un proveedor galáctico de servicios TIC (The Dark Side Inc.) realizó el levantamiento de planta de toda la infraestructura estelar del Imperio. Necesitó diez años para desplazarse de forma holográfica por todas las estaciones e instalaciones imperiales a lo largo de la galaxia. Del resultado de esta consultoría, sólo sabemos que las tarifas de tráfico de datos a un cliente global e interestelar como “El Imperio” desde luego poco tienen que ver con las que paga “La Rebelión”, que es tratada como una pyme, o con las que se aplican a la Ciudad de las Nubes, donde Lando Calrissian gestionaba las minas de gas tibbana, como un puesto avanzado.

Pero esto forma parte de otra historia.

¿Habrá material para terminar esta particular trilogía?

Imagen: wcm1111

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