Banca digital, banca revolucionaria

Manuel García Gil    8 julio, 2019
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El mes pasado tuve el placer de asistir a un evento sobre banca digital que estimo poco conocido pero espero que se vuelva más “viral”, tanto por la calidad de su contenido como por la importancia de sus componentes. Hablo de Revolution banking, un encuentro en el que no solo pude comprobar que la banca internacional está cambiando, sino que ha recorrido un gran camino ya.

Se trata de un sector que siempre vemos como “tradicional” o “anquilosado” pero nada más lejos de la realidad. La banca es un sector que, con los condicionantes de una muy compleja y completa regulación, ha conseguido reinventarse para poder seguir compitiendo y prestando sus servicios.

En realidad a nadie se le escapa que este cambio se viene produciendo desde hace tiempo, pero ha sido con la transformación de la sociedad y con la entrada en tromba del fenómeno fintech, que ha servido como catalizador, cuando se ha acelerado este cambio hacia la banca digital.

El tema es importante: si nos preguntan por las entidades financieras más grandes pensaremos en uno u otro banco pero probablemente ninguno o casi ninguno lo haríamos en Ant financial. Este curioso nombre “esconde” la división financiera de Alibabá, la cual, según escuché en el evento, está valorada en unos 155 mil millones de dólares. Para hacernos una idea, esto es más de lo que valen varios bancos de mediano tamaño.

En este escenario, ¿cuáles son las oportunidades y las amenazas a las que se enfrentan los bancos? Entre las principales oportunidades que ven a corto plazo están los pagos inmediatos, coherencia con la experiencia de cliente e implementar machine learning e inteligencia artificial con sentido y propósito. 

En cuanto a las amenazas de la banca digoital destacan una preocupación constante por la seguridad, incremento exponencial en el número de transacciones y la regulación. También el riesgo de no ser suficientemente audaces -la palabra en inglés fue bold (atrevidos, intrépidos)- para planear cambios y ejecutarlos.

Pero el  tema estrella fue que es necesario tener siempre en el centro de la ecuación la relación con el cliente, ya que la banca, como otros sectores, hace tiempo que ha dejado de hablar de ellos. Una persona que tarda diez minutos en contratar un servicio financiero con una fintech, o aquél al que lo que más le importa es que en su tarjeta de crédito ponga en grande Playstation (y el nombre del banco solo aparezca por detrás en pequeño “para no molestar”) difícilmente puede ser considerado por los bancos “su cliente”.

Además, se evidenció que ya no tiene sentido un debate sobre si el fenómeno fintech es amigo o enemigo; la realidad es que los bancos han de encajar en este entorno e integrarse en un un ecosistema de interrelaciones al que sumen servicios y posibilidades.

¿Cómo deben adaptase entonces? Como apuntaron, de entrada hace falta una cierta valentía, que tiene que enlazar con un absoluto abrazo al paradigma secure cloud, que les permita probar, testar, lanzar, hacer, retroceder, desarrollar, pulir, evolucionar… La nube es un acelerador que permitirá a la banca digital ir a la velocidad requerida e ir más allá de meramente mantener la velocidad de adaptación, y digo bien, porque si se queda solo en eso, no habrá ido a ningún sitio. Hay un concepto que me encanta y que uso con permiso de la autora (©Palmira ): “migración continua”. Viene a significar que no debemos ser los mejores en una sola tecnología y que tampoco tiene sentido pensar que una vez migrados a X, ya podemos estar tranquilos; X lleva a Y luego a Z y luego otra vez a otra versión de A, más moderna claro. La innovación y el cambio requieren de esta migración continua para poder evolucionar y revolucionar constantemente.

Finalmente se puso sobre la mesa que hay una gran carencia de recursos y habilidades o, lo que es lo mismo, de gente adecuadamente formada y capacitada para afrontar todos los retos que se le plantean a la banca digital.

Y a todo esto os preguntaréis dónde está la banca del futuro. Pues según algunos, precisamente ahí, en el futuro, porque no parece llegar nunca. La verdad es que es necesario un proceso de reinvención continuo para seguir teniendo ese objetivo futuro, que como mucho se plantea a tres años. Porque ¿qué es ese futuro?: el país desconocido. En realidad, lo único cierto es que este sector, como otros muchos, necesita estar en constante cambio y me ha quedado claro que lo está haciendo.

Imagen: ET420

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