La responsabilidad del aprendizaje y su disfrute como actitud

Javier Rosado López    25 octubre, 2022
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«Aprender a desaprender» es el libro de Pablo Rivas en LID Editorial que ha inspirado este post. Desaprender, como ya explicaba un compañero en este blog, no es olvidar y vaciarnos, sino replantearnos lo aprendido para llenarnos de conocimiento útil y competencias orientadas al futuro. Y es que muchos se enfrentan al nuevo mundo anclados en el ayer.

Aprender sin descanso como inversión en uno mismo

Hasta no hace mucho creía que la secuencia lógica era estudiar una carrera, algún master y empezar a trabajar. Mi cabeza seguía pensando en dos grandes bloques: etapa formativa y etapa profesional. Pues bien, mi etapa profesional no empezó a evolucionar hasta que entendí que mi etapa formativa no terminaría nunca.

Ahora sé que el aprendizaje está por encima de cualquier título oficial, certificación o diploma en pdf. Lo importante, en realidad, no es aprender para alcanzar una meta en forma de calificación, sino elegir lo que uno necesita saber. Consiste en invertir en uno mismo a través de conocimiento adquirido. La clave es recuperar la curiosidad, esa capacidad de asombro e ilusión por descubrir el mundo que nos rodea. Es volver a ser un niño toda la vida para aprender sin descanso.

Un nuevo concepto de talento

Antes el proceso de aprendizaje pertenecía a la etapa inicial de nuestras vidas. El aprendiz se preparaba para un oficio que luego iba perfeccionando. Tener talento consistía en profundizar en ese oficio. En el viejo paradigma, el sueño era entrar en una gran corporación, conocer bien sus procesos y burocracia e ir ascendiendo con los años en el escalafón hasta la hora de jubilarse. Se valoraba la experiencia entendida como tiempo en un mismo sitio haciendo cosas parecidas con una determinada responsabilidad.

En la actualidad las empresas que buscan este talento añejo y basan sus procesos de selección en requisitos del tipo: «equis años de experiencia haciendo algo» están demandando perfiles del siglo XX en el contexto del siglo XXI. Hoy el talento no se identifica con conocer en profundidad una parcela porque estas ya no son algo estático. Ahora el talento tiene más que ver con transversalidad, creatividad, imaginación, empatía, intuición e inteligencia social. Está relacionado con perfiles ágiles y dinámicos, capaces de adaptarse: con hambre por lo desconocido y apasionados por aprender sin descanso.

Transversalidad ante una complejidad creciente

En su blog Future of work (Trabajo del futuro), la NASA explica que «el trabajo de hoy requiere un talento fluido para cumplir con tareas cada vez más complejas, que necesitan habilidades multidisciplinares.» Esto en realidad ya lo dijo el emperador Juliano el Apóstata (siglo III a.C.) en un ensayo sobre las salidas profesionales de un estudiante formado según la tradición grecolatina de conocimientos amplios: «quien ha recibido una educación clásica podrá contribuir al avance de la ciencia, ser líder político, guerrero, explorador y héroe». Es decir, gozará de amplios horizontes laborales.

El tridente de cualificación más demandado

La tendencia es el llamado «aprendizaje transdisciplinario» o transversal. Ya no basta con estar habilitado por un título para desempeñar una determinada actividad laboral. Es preciso un conocimiento mucho más amplio y enriquecedor sobre el entorno, el sector y sobre la tecnología que se emplea o empleará en los próximos años. Cada vez más se va a requerir formación en varias disciplinas, experiencia y, sobre todo, capacidad de innovación, trabajo colaborativo y creatividad, que es el tridente de cualificación más demandado en este momento en las nuevas empresas.

Profesionales y alumnos a la vez: aprender y aplicar sin parar

Los nuevos modelos educativos necesitan formar a estudiantes que sepan aplicar sus conocimientos al mismo tiempo que los adquieren. No pueden permitirse el lujo de tener a jóvenes memorizando hasta los 22 años. Se trata de aprender y aplicar, aprender y aplicar y así sucesivamente para siempre. La etapa formativa se entremezcla cada vez más con la profesional y al revés. Profesional y alumno se hacen uno.

Como dice Alvin Toffler, «el analfabeto de mañana no será la persona que no sepa leer sino quien no haya aprendido cómo aprender.»  La verdadera formación básica consistirá en saber cómo aprender sin descanso lo que necesitemos en cada momento de nuestra vida profesional.

La universidad como “spotify del conocimiento”

Aprender ya no va de memorizar conocimiento teórico a raudales ni la enseñanza de definir contenidos de asignaturas para ponerlo en práctica varios años después. Nathan Harden se atreve a vaticinar que la universidad se convertirá en una especie de spotify del conocimiento. Los estudiantes -dice- dejarán de lado las carreras como ha sucedido con los discos. Se centrarán en materias específicas, como ahora hacemos en la música con canciones sueltas.

Formación corporativa: qué, cómo y cuándo

Los programas de formación en las empresas son costosos. No solo por los recursos invertidos sino porque el impacto real suele ser bajo. Además, como inversión a largo plazo, su medición se hace compleja y también discernir lo que funciona de lo que no. La dificultad reside en que hay que acertar con el contenido pero también, sobre todo, con el momento..

Es hora de huir de programas extensos con grandes lecciones teóricas empaquetados de forma estándar para todos los empleados. Los trabajadores quieren aprender hoy lo que puedan poner en práctica mañana. Porque es tan importante lo que se aprende como hacerlo en el momento oportuno. El objetivo debería ser centrarse en contenidos prácticos adaptados a cada persona.

Responsables de nuestro valor como profesionales

Xavier Marcet suele decir que «para formarse hay que sentarse pero para aprender hay que levantarse». Es decir, querer hacer.

En definitiva, es un deber responsabilizarnos de nuestra propia formación para evitar quedarnos obsoletos, algo que ahora ocurre en periodos de tiempo cada vez más cortos. Aprender sin descanso es lo que nos va a dar la verdadera estabilidad, más allá de la empresa en la que estemos y hagamos lo que hagamos Por eso debemos poner todo nuestro empeño en ensanchar nuestro valor profesional, en nuestra formación continua entrelazada con la experiencia del trabajo día a día.

«Lo único que merece la pena es la educación. Todos los otros bienes son humanos y pequeños y no merecen ser buscados con gran empeño. Los títulos nobiliarios son un bien de los antepasados. La riqueza es una dádiva de la suerte, que la quita y la da. La gloria es inestable. La belleza es efímera; la salud, inconstante. La fuerza física cae presa de la enfermedad y la vejez. La instrucción es la única de nuestras cosas que es inmortal y divina. Porque solo la inteligencia rejuvenece con los años y el tiempo, que todo lo arrebata, añade a la vejez sabiduría. Ni siquiera la guerra que, como un torrente, todo lo barre y arrastra, puede quitarte lo que sabes». – un griego anónimo en el siglo II.

Además no hay opción: seáis lo que seáis y trabajéis donde trabajeés tendréis la necesidad y la obligación de permanecer aprendiendo toda la vida.

Imagen: Neil Mulholland

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