El aprendizaje ágil: nueve claves que lo facilitan

Javier Rosado López    27 mayo, 2021
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Antes creíamos que para subsistir necesitábamos un plan, después descubrimos que el mundo cambia más rápido que nuestros planes. Lo que hace competitiva a una empresa es su capacidad de aprendizaje, la de las personas que las conforman en realidad. Aprender ya no es algo accesorio o puntual. Las compañías que no lo pongan en práctica de manera continuada quedarán relegadas, incapaces de adaptarse a los nuevos tiempos. El aprendizaje ágil y continuo se ha convertido en una condición indispensable.

Se necesitan empresas con personas que estén constantemente aprendiendo, cuya cultura promueva que esto sea algo prioritario y que ocurra en el propio desempeño del trabajo.

Y es que no hay que confundir el aprendizaje con la formación. Formarse es una opción para aprender, pero aprender va mucho más allá de un curso, un aula o un certificado.

Una cultura del aprendizaje

Si bien en las empresas el protocolo habitual para asignar un proyecto consiste en encontrar a la persona adecuada y ofrecérselo, tal vez sería interesante proponerle el proyecto a alguien que todavía no fuera capaz de llevarlo a cabo. Por un lado, fomentaría su capacitación y, por otro, ayudaría a identificar talento al ofrecer desafíos con los que los empleados podrían crecer.

En cualquier caso, la formación puede ser una estrategia corporativa pero el aprendizaje es una decisión personal. Por eso, inspirado por Ultralearning, de Scott H. Young, os traigo una serie de tácticas y principios para ser capaces de hacerlo de forma más rápida y efectiva.

Una estrategia y trayectoria del aprendizaje

Lo primero es decidir por qué queremos aprender algo, qué conocimientos y habilidades necesitamos adquirir y cómo: recursos y métodos que emplearemos. Invertir tiempo en esto último -una hora de búsqueda en Internet puede bastar- supone grandes beneficios porque la calidad del material determinará su eficacia.

Concentración

Para alcanzar grandes logros intelectuales la concentración es clave. Hay que evitar la procrastinación. Por eso, al comienzo es bueno convencernos de que solo necesitamos cinco minutos y reservar determinadas horas del día, si bien una vez empecemos seguramente sigamos más tiempo.

Para no distraemos con facilidad, es importante, además de procurar sentarnos con la mente clara y despejada, cuidar el entorno: buscar un sitio tranquilo y con todo lo necesario para no tener que levantarnos a por nada y evitar que nuestra mente divague mientas leemos o vemos videos, tomando apuntes por ejemplo.

Práctica

A veces pretendemos hablar otro idioma pero lo tratamos de aprender usando app divertidas en lugar de practicarlo con personas o nos gustaría aprender a ser grandes oradores pero nos compramos libros en lugar de ejercitarlo.

Practicar lo que queremos dominar nos resulta demasiado incomodo o frustrante  pero algunas tácticas que facilitan el aprendizaje son:

  • Aprendizaje basado en el proyecto: Si organizamos nuestro aprendizaje alrededor del objetivo de producir algo al menos aprenderemos a hacer ese algo.
  • Aprendizaje inmersivo: Aprender un idioma es el ejemplo perfecto. Al  introducirnos en el entorno donde se habla ese idioma no solo garantizamos que lo practicaremos mucho más, sino que nos enfrentaremos a una serie de situaciones que requerirán nuevos aprendizajes.
  • Unirse a comunidades de personas que están inmersas en el aprendizaje de una materia, ya que ofrece una exposición constante a nuevas ideas y retos.

Refuerzo de los puntos débiles

Da buen resultado dividir las partes complejas en partes pequeñas y practicar intensamente. Algo así hacen los atletas con habilidades determinadas del juego, como los tiros libres o los penaltis.

Puesta a prueba

Poner a prueba lo que sabemos no solo es una manera de evaluar el conocimiento, sino también de crearlo. Nos obliga a recordar información en lugar de analizarla de forma pasiva.

Leer no crea la memoria a largo plazo necesaria para que el aprendizaje real se lleve a cabo. Para un aprendizaje ágil es más eficaz ponerse a prueba antes de estar preparado. Hacer un examen no solo es una fuente de aprendizaje, sino que supone aprender más que si hubiéramos pasado el mismo tiempo repasando la materia. Por eso muchos cursos online al terminar una lección obligan a pasar una pequeña prueba.

Y los exámenes de recuerdo libre, en los que los estudiantes tienen que recordar lo máximo posible sin ayuda alguna, suelen dar mejores resultados a la hora de retener información que los de memoria guiada o los de preguntas tipo test.

El valor de las críticas

Exponerse a criticas es una gran herramienta para saber qué tenemos que mejorar. Preguntar a compañeros, hacer encuestas o enviar el trabajo a las personas adecuadas puede proporcionar información valiosa a cambio. Luego, se trata de quedarnos con lo que nos sirva.

El recuerdo imperecedero se trabaja

Algunas estrategias nos pueden ayudar a contrarrestar el inevitable olvido a corto y largo plazo. 

La “curva del olvido” de Ebbinghaus demuestra que solemos olvidar cosas poco después de aprenderlas, lo que provoca una disminución de conocimientos, que es mayor justo después de aprender. Sin embargo, con repasos espaciados en el tiempo, la cantidad de conocimiento que se olvida es menor, por lo que establecer una rutina para practicar o repasar con regularidad, aunque sea de forma mínima, es una buena opción.

Además, lo automático perdurará. Hay evidencias de que las habilidades procedimentales, como montar en bici, se almacenan de forma distinta a los conocimientos declarativos como saberse el teorema de Pitágoras. La mayoría de las habilidades pasan por varias etapas: empiezan como declarativas pero acaban como procedimentales, a medida que vamos practicando. Un ejemplo es la mecanografía o conducir.

También es más fácil retener imágenes que palabras. Las reglas nemotécnicas, basadas en la asociación mental de la información que hay que memorizar con datos que ya son parte de la memoria o de la práctica cotidiana, resultan de gran ayuda para un aprendizaje ágil.

El autoengaño es una barrera para el aprendizaje ágil

Pensar que entendemos algo que realmente no entendemos es por desgracia muy habitual. Evaluar si sabemos o no un dato concreto, como cuál es la capital de Francia, es muy sencillo. En cambio, tal vez podemos comprender un concepto un poco pero no lo suficiente.

El efecto Dunning-Kruger sucede cuando alguien con un conocimiento deficiente de una materia cree poseer más conocimiento del que realmente tiene y es una barrera para lograr un conocimiento más profundo. Puede suceder porque cuando alguien desconoce algo en profundidad también carece de la habilidad para evaluar su capacidad.

La importancia de experimentar y abrir nuevos caminos

A medida que nos acercamos al dominio de una materia hay más posibilidades de que las habilidades se estanquen. Aprender en las primeras fases es un acto acumulativo. Sin embargo, luego hay menos gente capaz de proporcionar enseñanzas más profundas y con quien  compartir nuevas experiencias. Por eso, una última clave para el aprendizaje ágil en este punto es salir de la zona de confort y no conformarse con el camino ya transitado por otros. Es importante atreverse a explorar nuevas posibilidades y pensar en cómo solucionar desafíos de aprendizaje específicos.

Pero en definitiva, más allá de los principios y tácticas descritas, lo importante es responsabilizarnos de nuestro propio aprendizaje: decidir qué queremos aprender, como queremos aprenderlo y trazar nuestro plan para ello.

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