La administración electrónica implica nuevas aptitudes

Mercedes Núñez    12 enero, 2021
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“Un funcionario “funciona”, como una tostadora. En la era de la inteligencia artificial, si queremos diferenciarnos de los robots, tenemos que ser servidores públicos”

Como señalábamos ayer, es un lujo escuchar a Víctor Almonacid hablar de administración electrónica. Lo hace en términos de nuevas aptitudes, cambios organizativos y servicio público. A Víctor no le gusta autodenominarse innovador, pero sí reconoce que es alguien que siempre ha tratado de innovar, de mejorar lo que se ha encontrado, y en numerosas ocasiones lo ha conseguido. De ahí que deteste el término “funcionario”. En esta entrevista explica por qué los funciosapiens se impondrán a los funciosaurios. También que es momento de un liderazgo bien entendido y no de jefes a la antigua usanza. Con la valentía y sinceridad que lo caracteriza, Víctor afirma que se debe empezar por exigir nuevas competencias a los altos cargos políticos y funcionariales o que innovar en la administración conlleva profundas cicatrices pero merece la pena.

No te gusta emplear los términos “funcionario” ni “empleado público”, prefieres “servidores públicos”. Es la madre del cordero, ¿no? 

“Empleado público” aún lo manejo con relativa frecuencia, porque es la expresión que utiliza la Ley, pero “funcionario” reconozco que lo odio. Se supone que queremos diferenciarnos de los robots; por tanto, no podemos limitarnos a decir que somos algo “que funciona”, como una tostadora. Además, el término funcionario representa lo peor de la época de los manguitos y del “vuelva usted mañana”. Por el contrario, “servidor público” es una expresión preciosa. Servir a los demás es lo más bonito (y necesario) del mundo, sobre todo en este momento en el que tantas personas necesitan tanta ayuda.

La parte de verdad de los chistes de Forges

Una definición muy simple pero inapelable del servicio público, es “servicio al público”. Forges hacía chistes gráficos de funcionarios. De servidores públicos ejemplares, implicados y eficientes no se habría podido burlar. Y ¡ojo!, la culpa no era de Forges, que en realidad tenía bastante gracia, sino de la parte de verdad que había en su humor crítico.

La transformación de la Administración no será posible sin una modernización de las competencias y cualificaciones de quienes trabajan en ella. En la agenda digital se recoge la necesidad de este esfuerzo. Háblanos de los funciosapiens frente a los funciosaurios, como tú los llamas.

Administración electrónica es “nuevas aptitudes”. Lo dice la definición oficial del término, dada ya hace muchos años por la Comisión Europea. Y “cambios organizativos”, por cierto, además de tecnología, claro.

Funciosapiens” frente a “funciosaurios

Un “funciosaurio” es en realidad ese “funcionario de toda la vida”, el de los manguitos, al que me refería. Pero no los llamo así solo por la evidente referencia al pasado, sino porque aquellos animales eran lentos, pesados y no muy inteligentes. Y, sobre todo, se extinguieron.

Un “funciosapiens” es un ser inteligente, implicado, multidisciplinar. No solo reúne capacidades, conocimientos y aptitudes sino también, y sobre todo, valores. Esto es lo más importante de todo. El “funciosapiens” sobrevivirá.

No se trata solo de la adquisición de competencias digitales. Con la automatización creciente de tareas también cobran importancia las habilidades blandas y va a hacer más falta que nunca incorporar nuevos perfiles y verdadero talento. ¿De qué escenario partimos y cuál es la meta?

Partimos de un escenario bastante tramposo porque, por un lado, parece que, por fin, se están desarrollando algunas “nuevas” competencias (no solo digitales) y, por otro lado, estamos en manos de incompetentes porque muchos altos cargos políticos y funcionariales lo son, así de claro. Por eso parece contradictorio exigir nuevas competencias únicamente a los perfiles medios y bajos. Habría que empezar por los de arriba.

Liderazgo bien entendido frente a los antiguos “jefes”

Ser jefe no debería ser lo mismo que hace veinte años. De hecho, la palabra “jefe” debería desaparecer. Una importante habilidad blanda es precisamente el liderazgo. También lo son la capacidad de coordinación y el trabajo en equipo, las habilidades en comunicación, la destreza digital y la resolución de problemas complejos. En general, y hablando de todo tipo de servidores públicos, debemos desarrollar la empatía y la inteligencia relacional. Insisto en que no me preocupa tanto quienes aún no han desarrollado estas capacidades como los que se niegan a mejorar en este sentido.

Efectivamente, la automatización y la robotización ya están aquí, y bienvenidas sean porque su funcionalidad es la realización de tareas mecánicas, repetitivas, automáticas y con poco contenido intelectual y escaso valor añadido. Muchos “funciosaurios” se empeñan en seguir realizando estas tareas, y muchos “jefes” se sienten muy cómodos dirigiendo a un ejército de estos “funciosaurios”.

Con frecuencia recibo mensajes poco amables de individuos que me reprochan que defienda que los funcionarios deben ser sustituidos por robots (afirmación que dista mucho de ser exacta, porque nunca he dicho eso), pero esa gente lo primero que tiene que preguntarse es si ellos mismos son capaces en este momento de aportar algo más, o al menos diferente, de lo que aporta un robot. O si son mejores personas que un robot.

“Impulsar el cambio es muy duro. Quien diga que no hace marketing”

En una entrevista de hace cinco años afirmabas que “El innovador público es un antihéroe, como Don Quijote o Rocky Balboa”. Hace unos meses decías que “Uno no es un buen innovador hasta que no tiene el cuerpo cubierto de cicatrices”. ¿Sigue siendo tan duro? ¿Tan poco hemos avanzado en un lustro? 

“Recuerdo muy bien esa entrevista… Pues yo diría que estamos peor, porque cuanto más cerca está la victoria más se resiste el enemigo. Es como el refrán aquel de “cuanto más grande es la tormenta más cerca está la calma”. No sé cómo de cerca está esa calma, o el final de una guerra que nunca debió producirse, pero está claro que el bando que se sabe perdedor quiere morir matando.

Sé que suena muy dramático pero yo he vivido, en efecto, esas hostilidades, y no soy el único. Esta es la realidad de la innovación, y no el mundo de los arcoíris que se esfuerzan en mostrar algunos. Cicatrices todas, pero aún así vale la pena. Me siento sinceramente satisfecho de mi impacto en la Administración. En el balance final, sé que he aportado muchas cosas y me siento confortado. Pero esto tiene un precio, efectivamente. Impulsar ese cambio al que algunos se resisten con uñas y dientes es muy duro. Quien quiera vender una imagen de éxito absoluto, de cero contratiempos o de “innovación a la primera”, está trabajando más en marketing que en innovación.”

“La corrupción se lleva muy mal con la administración electrónica”

Has dicho que la corrupción es enemiga del cambio…

Lo dije, lo mantengo y lo he comprobado personalmente cientos de veces. Las personas perezosas o acomodadas desean mantener el statu quo y su zona de confort, pero ni su voluntad ni su determinación es demasiado fuerte. En cambio, los que mantienen y quieren preservar a toda costa esos chiringuitos de poder y microcorrupción son los enemigos más feroces del cambio, especialmente de los cambios que traen consigo la digitalización y la transparencia.

El papel lo aguanta todo y, si no, puede desaparecer o rehacerse. Las conversaciones mafiosas se las lleva el aire. Pero el cambio remueve los cimientos de la corrupción. El documento electrónico, la trazabilidad y el rastro fehaciente de los expedientes electrónicos permiten pocas trampas. La corrupción se lleva muy mal con la administración electrónica.

De todas formas, el arma definitiva contra la corrupción, mejor aún que la tecnología, es la interiorización de la ética. Una parte importante de la culpa de que exista esa microcorrupción (tan peligrosa o más que aquella enorme corrupción de los grandes pelotazos), la tienen los que la permiten. La honradez no consiste únicamente en no ser el autor directo de una fechoría, la verdadera honradez consiste en no mirar para otro lado.

Imagen: milomingo

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